Max Rojas / VIDA
Porque en efecto, los días —algunos días sobre todo— duelen, hieren, sajan; abren hendiduras en la carne y en el alma que tardan en cerrar, si es que cierran; golpes como del odio de Dios que diría Vallejo, que nos cuestionan, nos desgarran, sobre todo porque sentimos o presentimos, mejor, que no debían de ser así.
Actualmente, dirige la editorial La Cuadrilla de la Langosta y pertenece al Consejo de colaboradores de la revista Alforja de Poesía.
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Sea el desamor el que golpea a la puerta y nos congela o una muestra más de los muchos, ya casi cotidianos, actos de barbarie cometidos por quienes nos mandan y desmandan en nombre de una legalidad que solo los protege a ellos. Es México, pero no solo México, se camina a pasos rápidos hacia un oscuro horizonte de conflictos sociales: la impunidad, la cobardía, el disimulo, la ineptitud de las élites mandantes y de los dueños del dinero nos empujan ¿a dónde? Ojalá seamos capaces de impedirlo.
El poeta habla de sí y de su mundo… Cuando esa madrugada del año 2006 se produjo el artero ataque al pueblo de San Miguel Atenco por el horrendo delito de defender sus tierras y con ello, sus más elementales derechos humanos, Leticia Luna, poeta del amor y por lo mismo poeta humanísima, debe haber sentido una sacudida interna que más que poner la cólera en la poesía, puso a la poesía como arma que monta en cólera y disparó la rabia que la quemaba por adentro.
Fueron Los días heridos de Leticia Luna, y así nació este libro terrible, pero bello al mismo tiempo, que ahora se presenta, días que duelen, días que a fuerza de las arbitrariedades cometidas desde el poder se están convirtiendo en muchos, demasiados días que se suceden, uno a uno, en los que la muerte, la represión y la injusticia hacen acto de presencia.
¿Nos merecemos esto? Pugnas entre gánsteres que creen tener el poder real y gánsteres que enloquecen a plenitud sin tener siquiera el poder formal. Entre los dos fuegos está el pueblo, los indígenas, los campesinos, Los condenados de la tierra, según el título de aquel espléndido libro de Frantz Fanon, muy leído no hace todavía muchos años cuando aún había esperanza, ya no la hay o al menos la que aparece es tan escuálida que apenas puede vislumbrarse.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B
