En las próximas semanas en la medida en que avance el calendario electoral, impuesto por los magistrados de facto del CSE, el tema que dominará nuestro espectro político será la disyuntiva existente de ir o no a las elecciones municipales con los mismos magistrados corruptos y sin cambios sustantivos que garanticen el respeto por el voto depositado. Algunos políticos esgrimirán como pretexto para asistir la salvaguarda de la personería jurídica de sus respectivas instituciones, otros, los más descarados, dirán simplemente que es una obligación constitucional. Pero ambos en realidad saben que le hacen el juego al Gobierno, ya sea como zancudos o como simples mercenarios de la política. Ante ese escenario, el Partido Liberal Independiente (PLI) tiene la responsabilidad como partido líder de la oposición, de conducirse en estricto apego a lo que hasta ahora ha sido su actuar político en nuestra vida nacional. Para nadie es un secreto que el PLI no ha sido un partido puestívoro, es decir que no corre tras migajas del poder y más bien, de sus filas han salido los más connotados héroes nacionales de nuestra historia contemporánea. Esto a mi juicio nos obliga a sentar una posición apegada a nuestros principios y una vez definida, convocar a los aliados de las elecciones pasadas y junto con ellos y otras organizaciones afines consensuar los planes de acciones futuras. No hacerlo de esta manera sería un error y a la larga redundaría en fricciones innecesarias con algunos grupos políticos que pudiesen tener conceptos y proyectos diferentes.
Por ello considero que es al PLI al que le corresponde tomar la gran decisión de participar o no en las próximas elecciones y evaluar cuáles son los cambios sustantivos necesarios que a juicio del partido deben darse en el CSE, para generar la confianza que el pueblo y organismos internacionales nos demandan. Otro concepto que ha sido tergiversado y sobre el cual el partido tiene que emitir una opinión categórica, es sobre sus futuros candidatos. Al respecto son varios los grupos que han propuesto candidatos exigiendo primarias, sin detenerse a pensar a quién proponen y contra quién lo proponen. Un partido político que se respete tiene que ser responsable a la hora de proponer sus candidatos, evaluando antes honorabilidad, capacidad y liderazgo de los mismos. Solo así podrán ser votados favorablemente por el pueblo. Cosa que no sucede con los candidatos propuestos por terceros, muy diferente es cuando un aliado después de firmar la alianza formal, propone a sus miembros para ser tomados en cuenta en igualdad de condiciones.
Este simple ejercicio debería ser suficiente para que algunas organizaciones dadas a proponer candidatos comprendan la responsabilidad que cada partido tiene en presentar a sus mejores cuadros ante el electorado, ya sea este municipal o nacional en las elecciones presidenciales. Por estas y otras consideraciones, que por razones de espacio me son imposibles de abordar, es que estoy seguro que cualquiera que sea la decisión que la dirigencia nacional de PLI tome en relación a las futuras elecciones, esta será una decisión madura, responsable y pensada para el mejor beneficio de la democracia y el futuro de Nicaragua.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y actualmente es miembro del PLI.
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