El PLI se ha comprometido públicamente a no proponer a ninguno de sus miembros, ni de ningún otro partido, para formar parte del Consejo Supremo Electoral (CSE) cuyos integrantes deben ser nombrados por la Asamblea Nacional próximamente, o mejor dicho, cuando Daniel Ortega lo disponga.
Si el PLI cumple ese compromiso se rompería unilateralmente el procedimiento corrupto de integrar los poderes del Estado judicial y electoral en base a cuotas bipartidistas, el cual fue acordado en el pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega que condujo a la restauración del régimen autoritario y a la erosión de la democracia en el país.
Aún así, hay quienes siguen creyendo que los magistrados tienen que ser escogidos de entre los miembros de los partidos porque según ellos “les cuesta la causa”, y porque, aseguran, no existe ninguna persona que no sea política y que no tenga simpatías o inclinación partidista. Incluso invocan a favor de su opinión a Aristóteles, el gran filósofo griego que definió al hombre como “un animal político”. A lo sumo, admiten quienes opinan que todas las personas tienen por fuerza alguna inclinación política, lo que se puede procurar es que los magistrados actúen de conformidad con la Constitución y la ley.
Pero es mentira que todas las personas sean políticas y que se inclinan a favor de uno u otro partido. Lo cierto es que quienes se dedican a la política son una exigua minoría. La mayor parte de la gente es indiferente a la política e incluso son muchos los que la detestan porque la ven como algo sucio.
Aristóteles dijo que el hombre es un animal político, en efecto. Pero político no en el sentido de pertenecer a un partido sino por ser miembro de la polis, o sea de la sociedad y el Estado. Según el pensamiento de Aristóteles el hombre es un animal social, solo los animales irracionales (seres carentes de pensamiento y lenguaje) pueden vivir aislados. “Es evidente —escribió Aristóteles— que la polis (o sea la sociedad) es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social (el hombre) es el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad”.
De manera que es absurdo apelar a Aristóteles para pretender demostrar que todas las personas son sujetos políticos y, peor aún, partidistas. Más bien son innumerables las personas preparadas, responsables y cívicas, que no son políticas y mucho menos partidistas; ciudadanos probos que pueden y deben ocupar los cargos públicos de alta responsabilidad cuyo ejercicio requiere independencia de criterio, sano juicio y neutralidad política, como deben ser los magistrados del Consejo Supremo Electoral. Todo es que los políticos quieran verlos y nombrarlos.
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