Ramón García Gibson (*)
Diversas estrategias alrededor del mundo para combatir el lavado de dinero se han enfocado en identificar grandes volúmenes de efectivo procedentes de actividades ilícitas. Por lo menos en México y otros países de la región nos estamos acostumbrando a ver que cada vez que se detiene a un presunto narcotraficante y este es presentado ante los medios de comunicación por las autoridades aparezca, al más puro estilo de las fotos panorámicas, rodeado de grandes fajos de dinero y armas.
Tanto el narcotraficante como el secuestrador, funcionario público corrupto, vendedor de vehículos y autopartes robadas, tratante de personas y extorsionadores, entre otros delincuentes, han tenido un problema en común, un exceso de efectivo que buscan legitimar.
Sobre todo en el tema del narcotráfico, un problema adicional está siendo materia de ingeniosos mecanismos para burlar los controles aduanales en diferentes países, así como los diversos puntos de inspección que ponen las autoridades en ciudades y autopistas para detectar drogas o efectivo, en México estos puntos están siendo controlados en su mayoría por las fuerzas armadas (marina y ejército).
Uno de estos mecanismos que comentaré hoy con ustedes estimados lectores es la utilización de las denominadas tarjetas prepagadas que, entre otras ventajas para los delincuentes, les permiten transportar grandes sumas de dinero en un instrumento de plástico del tamaño de una licencia de conducir o identificación personal, que puede ser transportada en una cartera que cabe en el bolso del pantalón de una persona.
Los criminales del mundo moderno parecen cada vez menos dispuestos a usar el dinero en efectivo: Es pesado, difícil de esconder y se puede mojar. Simplemente no es el medio más conveniente para que un lavador del siglo XXI traslade fondos de un lado a otro del planeta. Una alternativa cada vez más atractiva y menos riesgosa para estos delincuentes son las tarjetas prepagadas, que disponen de bandas electrónicas. No requieren estar vinculadas con una cuenta bancaria y muchos tipos se pueden usar de forma anónima. Las agencias policiales de Estados Unidos consideran a estas tarjetas como una amenaza floreciente que los reguladores no han encarado correctamente. A simple vista, las tarjetas prepagadas apenas se pueden distinguir de las de crédito y débito. Las más versátiles permiten al usuario recargarlas de dinero desde localidades remotas y retirarlo en cualquier parte del mundo sin tener que revelar la identidad, usando dinero en efectivo o los servicios de pago en línea.
Sin lugar a dudas los delincuentes en muchas ocasiones abusan de productos financieros diseñados para fines lícitos, para el caso que nos ocupa, entre otros supuestos, existen tarjetas prepagadas para gestión financiera de público adolescente; para universitarios; para envío/recepción de fondos (remesas); para regalos (gift cards); para compras online; para compras en cadenas retail; para planes de nóminas y gastos de salud o simplemente las que se pueden utilizar como un medio de pago para cualquier fin. El problema estriba en que existen diversos tipos de emisores de tarjetas prepagadas que van desde entidades del sistema financiero, comercios, online, servicios y los totalmente independientes, todos ellos con diferentes controles y límites de recarga, siendo en algunas ocasiones ambos supuestos inexistentes.
“En los últimos años las tarjetas prepagadas se han convertido en el medio preferido para pagarle a los correos que transportan drogas ilícitas a través de Estados Unidos”, dijo John Tobon, un alto funcionario del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE por sus siglas en inglés).
De acuerdo con diversas fuentes se calcula que anualmente cruzan de Estados Unidos a México procedentes de la venta de la droga alrededor de 40,000 millones de dólares de los cuales algunos son transportados de contrabando a través de la frontera por personas con el efectivo en sus vehículos o pegado a su cuerpo, en tarjetas prepagadas o transferencias electrónicas.
Muchos de nosotros hemos llenado el clásico formulario de aduanas cuando ingresamos a algún país en el que se nos pregunta si traemos 10,000 dólares en efectivo o más a fin de declararlos, ¿qué pensarán los delincuentes al momento de llenar este formato cuando traen mucho más que ese monto en tarjetas prepagadas que están exentas legalmente de declaración? ¿Les causará mofa o burla este control tan fácil de evadir para ellos? Sin duda los nuevos medios de pago que preocupan a las autoridades apenas comienzan con las tarjetas prepagadas. Los teléfonos celulares y los esquemas de pagos en la red son la nueva frontera.
Es un reto para las diferentes autoridades encargadas de combatir y prevenir el lavado de dinero a nivel internacional el actualizarse para la identificación de estos nuevos medios de transporte y operación de dinero procedentes de actividades ilícitas, ya que al día de hoy podríamos decir que por la mayoría de las fronteras, por no decir en todas, grandes montos cargados en tarjetas prepagadas cruzan como si fuera dinero invisible que es utilizado para ser depositado en el sistema financiero, pagar proveedores de droga, nóminas o plantillas de empleados o funcionarios corruptos, compra de armas y la generación de más delitos.
Bien lo decía John F. Kennedy “El cambio es la ley de la vida. Cualquiera que mire al pasado o al presente, se perderá el futuro”. ¿Se estarán quedando nuestras autoridades financieras sin mirar al futuro en estrategias para combatir a la delincuencia organizada y sus ganancias? Usted tiene la última palabra estimado lector. (*) Experto en prevención de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo.
Esta columna es publicada los lunes en El Financiero de México.
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