Siria confirma deserción de embajador

La primera deserción de un embajador sirio supone un duro revés para el régimen de Bashar Al Asad, amenazado ya por un proyecto de resolución presentado ante el Consejo de Seguridad de la ONU con más sanciones contra Damasco, que recibió nuevamente el apoyo de Moscú.

DAMASCO/AFP

La primera deserción de un embajador sirio supone un duro revés para el régimen de Bashar Al Asad, amenazado ya por un proyecto de resolución presentado ante el Consejo de Seguridad de la ONU con más sanciones contra Damasco, que recibió nuevamente el apoyo de Moscú.

En Damasco, un comunicado del ministerio sirio de Relaciones Exteriores anunció que «Nawaf Fares fue relevado de sus funciones y no tiene ninguna relación con nuestra embajada en Bagdad, ni con el ministerio». Además, las autoridades sirias amenazaron con ponerlo a disposición de la justicia por sus declaraciones.

Este miércoles, Fares llamó al ejército a «integrar inmediatamente las filas de la revolución», después de haber desertado, en un comunicado difundido por la cadena de televisión catarí Al Jazeera. Según Bagdad, Fares se encuentra actualmente en Catar, un emirato particularmente hostil al régimen de Al Asad.

Su deserción supone un golpe para el régimen sirio, días después de la de Manaf Tlass, un general allegado al presidente Asad, quien, según el ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, habría contactado con la oposición siria.

Fabius no confirmó si el militar desertor se encuentra en París a pesar de haber anunciado, cuando se conoció su deserción, que se dirigía a la capital francesa.

El portavoz de la Casa Blanca, Joy Carney, estimó que la deserción de Fares es «una nueva señal de la desesperación que envuelve al régimen de Asad» y que «el entorno de Asad empieza a reconsiderar sus posibilidades de quedarse en el poder».

Fares había sido nombrado en su cargo el 16 de septiembre de 2008, tras casi 30 años de ruptura de relaciones diplomáticas debido al apoyo de Damasco a Irán en su guerra contra Irak.

Miembro de la gran tribu sunita de los Uqaydat, implantada en el este del país, Fares comenzó como policía antes de trabajar con los temidos servicios secretos, llegando a ser uno de los jefes del partido Baas, gobernador y por último diplomático.

Este curriculum provoca la desconfianza de los militantes, que se sacrifican desde hace 16 meses por la revolución, y algunos estiman que puede tratarse de una maniobra de los occidentales para seleccionar a personalidades aceptables para dirigir la transición.

«Sé que ese hombre es un criminal», afirmó Rami Abdel Rahman, jefe del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH).

«Es bastante similar a la historia de Manaf Tlass (…) los servicios secretos occidentales buscan seleccionar personalidades que podrán ser utilizadas para el periodo transitorio».

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