Joaquín Absalón Pastora
Notas Clásicas
Nuevas herramientas técnicas y didácticas son propicias para el aprendizaje con el lenitivo incluido del concierto para facilitar —flexibilizar— el conocimiento y la aplicación de la interpretación, evidencias bienvenidas de la pedagogía.
Los ejercicios se dan esta semana en el Conservatorio de la Upoli y son impartidos por catedráticos que han llegado de otros países, especialmente para el evento dirigido a profesores y estudiantes.
Uno de los instrumentos escogidos para estar representados en esos talleres, es la flauta dulce con válida especificidad, tema en el tercer encuentro regional (2012).
El mismo, en otra de las fases de su propagación mundial, ha sido invitado con el inconmovible propósito de lucir sus cualidades en Dresde en una seguidilla de festivales, en la que figura sin acompañante en el trono del homenaje. La flauta de modelo. Las dos clases en el espectáculo de la formación y de la profesionalización.
En el principio era considerada solo de madera, partícipe de esa heterogénea estirpe. Hoy puede ser miembro de los metales de los grandes ejes sinfónicos. Debussy hizo una sonata para flauta, violín y arpa. Extraña mixtura, trío único en su composición. Pero esta vez para darle premeditada notoriedad a sus conquistas modernas, a los agudos en acompañamiento con los del violín.
Esa misma forma pudo apreciarse en el “badinerie” de la suite número dos de Bach que hemos escuchado con la ilustración del clavecín que “cerrando los ojos” emite la sensación figurada de ser pedaleado, pero que en su contextura íntima muestra habilidades que solo su ejecutante conoce, diferentes a las del piano.
En los ejercicios la flauta demuestra —y más la dulce— que no es una flor decorativa en el jardín. No solo es melódica, picaresca y juguetona. Es propia, apta para el concertino.
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