César Úbeda Bravo
Para el exguerrillero y exintegrante de la Junta de Gobierno sandinista, Moisés Hassan Morales, el 19 de julio de 1979 – como se dice en buen nicaragüense —fue “un alegrón de burro”, para quienes pensaron en el respeto a las libertades y que se legislaría por el bien de la nación. Para otros, esa fecha fue el “día del desquite”, para satisfacer una serie de ambiciones .
En declaraciones a LA PRENSA, Hassan Morales aseguró que la derrota electoral de 1990, despertó a los comandantes de la revolución, adormecidos por la droga del poder desatándose una pugna entre los hermanos Daniel y Humberto Ortega.
“No es difícil concluir que Daniel, el gran árbitro a la hora de decidir las candidaturas del Frente en las elecciones del 96, manipuló a Antonio (Lacayo), y la cabeza de Humberto rodó públicamente el 21 de febrero de 1995. Separado este del ejército, Daniel era el dueño del Frente. Rosario, todavía silenciosa, detrás”.
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De acuerdo a nuestro entrevistado, la historia política y la participación en la revolución de la señora que publicita en los medios oficialistas 33 veces 19 se puede resumir en pocas palabras: “es la esposa de Daniel Ortega”.
19 DE JULIO: ENTRE ALEGRÓN DE BURRO Y EL DESQUITE
“A mi juicio, para la gran mayoría de los nicas —de todas las ideologías y partidos incluyendo miembros del PLN no fanatizados o no comprometidos excesivamente con el régimen —el 19 de julio de 1979 es el día del “alegrón de burro”. Es la mejor designación que le encuentro. Es el día cuando esa mayoría creyó —y se entusiasmó hasta el delirio- que se abría en Nicaragua una etapa en que se legislaría para el bien de la nación, las leyes se cumplirían, y estarían a salvo todas las libertades y derechos naturales del ser humano”, consideró Hassan Morales.
Pero también —agregó— para una pequeñísima minoría ese día fue el día del “desquite”, que les abría la oportunidad de satisfacer una cantidad de ambiciones de poder, de riquezas, aventuras amorosas, protagonismo, largamente soñadas y rencorosamente envidiadas.
“Dos visiones drásticamente diferentes. Por demás está decirlo, al ‘alegrón de burro’ ha seguido, para esa mayoría —en especial para quienes se involucraron de diferentes maneras y en diferentes grados en la lucha armada— la etapa de las esperanzas destruidas y del crecimiento acelerado de la miseria material y moral de la nación. En cambio, para muchos miembros de la reducida minoría del ‘desquite’, se inició una vertiginosa etapa —que se empeñan en creer interminable— en la que han visto satisfechas, con creces, sus más doradas fantasías. Lamentablemente, sin que parezcan haber abandonado su rencor eterno”, expresó el exguerrillero.
DERROTA DESPERTÓ SENTIMIENTOS E INTERESES ENCONTRADOS
Para Hassan la derrota electoral de 1990 y sus consecuencias en el corto y mediano plazo, pusieron en libertad, a lo largo de los cuatro o cinco años siguientes, una cantidad de sentimientos e intereses encontrados que se hallaban adormecidos por la droga del poder en las conciencias de buena parte de quienes la usaban.
“Hubo quienes despertaron a la realidad de que eran rechazados por las grandes mayorías y que este rechazo en verdad existía, no era una invención de la derecha o el imperio. De que era, en buena medida, el resultado de haber metido a Nicaragua en una guerra innecesaria; de haber sacrificado a miles de jóvenes reclutados a la fuerza; de las vidas suntuosas, principescas que en medio de la generalizada pobreza muchos de ellos llevaban; del increíblemente torpe, inepto manejo de la economía; del intento de transformar a la población, aplicando la política de las tres P, en una manada de estúpidos borregos”, puntualizó.
Este despertar, agregó Hassan, hizo que algunos concluyeran que la lucha contra los enemigos externos, apoyados por el repudio de amplios sectores de la ciudadanía, era inútil; por tanto convenía retirarse a disfrutar con tranquilidad de sus riquezas.
“Hubo también quienes, en medio de la inestabilidad creada por la derrota, y conscientes de sus causas, creyeron posible convencer u obligar —los dos casos se presentaron— a los hermanos Ortega a ceder parte del poder que detentaban. El fracaso de estos intentos convenció a otros de que era más saludable someterse. Finalmente, algunos se distanciaron en repudio al mañoso reparto táctico de poder y presupuesto con el gobierno Chamorro-Lacayo. Como resultado de esta tormentosa situación, el poder dentro del Frente pasó a las manos de los hermanos Ortega”, expresó.
Según el exguerrillero era inevitable que se desatara entonces la pugna entre los hermanos Ortega, probablemente incentivada por doña Rosario. “No es difícil concluir que Daniel, el gran árbitro a la hora de decidir las candidaturas del Frente en las elecciones del 96, manipuló a Antonio (Lacayo), y la cabeza de Humberto rodó públicamente el 21 de febrero de 1995. Separado éste del ejército, Daniel era el dueño del Frente. Rosario, todavía silenciosa, detrás”.
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