Mariano Andrade/AFP/LONDRES
Londres sorprendió al mundo ayer por la noche con una cinematográfica ceremonia inaugural de sus terceros Juegos Olímpicos, seguida por más de mil millones de personas por televisión y en la que brilló la influencia británica en la cultura moderna.
En los palcos de honor, decenas de jefes de Estados y gobiernos asistieron a la ceremonia, entre ellos la primera dama estadounidense Michelle Obama, el primer ministro ruso Dimitri Medvedev o los presidentes de Alemania e Italia, Joachim Gauck y Giorgio Napolitano.
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Los XXX Juegos de la era moderna fueron inaugurados por la reina Isabel II de Inglaterra, antes de que siete jóvenes encendieran el pebetero del estadio tras recibir la antorcha de manos del británico Steve Redgrave, leyenda viva del olimpismo con cinco oros en remo.
Unas 80,000 personas en directo asistieron asombrados al alucinante “viaje” histórico propuesto por el oscarizado director británico Danny Boyle, que cumplió con las expectativas y logró hacer olvidar la impresionante ceremonia inaugural de Beijing-2008.
Artistas como el Beatle Paul McCartney, el actor que encarna a Mister Bean o la escritora J.K.Rowling (creadora de Harry Potter), se mezclaron con personajes imaginarios como James Bond y Mary Poppins durante el espectáculo marcado por el ritmo de los mejores del pop, rock, punk y tecno británicos.
“Londres 2012 inspirará a una generación”, dijo el presidente del comité organizador, el exatleta Sebastian Coe, presidente del Comité Organziador de los Juegos.
“En un sentido, los Juegos Olímpicos vuelven ‘a casa’ esta noche”, señaló justo después el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, en referencia al hecho de que la capital británica organiza por tercera vez este evento, luego de 1908 y 1948.
Varias personalidades internacionales —entre ellos el director de orquesta argentino—israelí Daniel Barenboim y la política y defensora del medioambiente brasileña Marina Silva— llevaron la bandera olímpica, una de las tradiciones.
La ceremonia fue cambiante y tuvo muchas innovaciones, entre ellas el diseño con forma de flor del pebetero, que yacía en el suelo en el centro del estadio y cuyas columnas fueron elevándose al cielo y cerrándose en lo alto para hacer arder la llama olímpica.
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