Nohelia González
Vida
Alimentarse en este país no es un mero acto mecánico. Es un proceso en el que además de alimentar el cuerpo se enriquece el espíritu.
La tradición culinaria de Taiwán viene de la milenaria cultura china, con alguna influencia japonesa. En la mesa taiwanesa las frituras son casi inexistentes.
La diversidad culinaria de este país es vasta. Los sabores y olores se pegan en las neuronas cognitivas de todo comensal que aprecie el buen comer. La aventura de sabores empezó en Taipei, pasando por Kaohsiung hasta Tainan.
En las afueras de Taipei, en Zhuzihu los tallos de bambú cocinados al vapor con semillas de sésamo, papas, camarones con cebollín, anguila, cerdo, apio y pasta de soya, tallarines con zanahoria, espinaca son la oferta para degustar.

Los taiwaneses se muestran orgullosos de que su país haya sabido conservar las “reales tradiciones culinarias chinas”.
Los bocadillos de mariscos y vegetales en el Ding Tai Feng son parte del crucero culinario que incluye el famoso restaurante Ding Xian 101, donde la carta ofrece pescado, sopa de bambú, arroz y hongos, pato con verduras, carne con bambú y salsa soya, pulpo, camarones, pescado frito con apio, chile, perejil, ajo y cebollines, sopa de fideos, y de postre mamones chinos, papaya, ciruela con hongos blancos y semilla de loto.
En la era de la dinastía —nos explican los anfitriones del Ding Xian 101— las entradas de una comida podrían llegar a 40 y los platos principales superaban los 70.

En el Din Tai Fung, un restaurante situado entre los mejores diez del mundo según el New York Times, los dumplings o pequeñas masas con camarón, cangrejo y cerdo son la muestra más exquisita de su cocina. El truffe de hongo acompaña la degustación.
Una selección de platillos de consumo de la élite de la cultura china incluye sopa Taichi, pollo y espinaca, cuya presentación simula el ying y el yang.
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