Los grandes

El tercer concierto de la Orquesta Sinfónica Juvenil Rubén Darío, compartido en la dirección por Ramón Rodríguez y Hugo Sandino, presentado este domingo en el Teatro Nacional Rubén Darío, tomó otro importante impulso para llegar a la meta de la institucionalización, respaldado por el visitante cuarteto de cuerdas de la Filarmónica Nacional de El Salvador.

El tercer concierto de la Orquesta Sinfónica Juvenil Rubén Darío, compartido en la dirección por Ramón Rodríguez y Hugo Sandino, presentado este domingo en el Teatro Nacional Rubén Darío, tomó otro importante impulso para llegar a la meta de la institucionalización, respaldado por el visitante cuarteto de cuerdas de la Filarmónica Nacional de El Salvador.

Se convierte en una tradición internacional, la creación indisoluble de estas orquestas, idealizadas por la edad en primavera, vistas con la misma trascendencia de las sinfónicas de los madurados maestros, tan representativas como estas para medir la dimensión cultural de las sedes correspondientes.

En el caso nuestro, la inspiración la motiva la luz insignia de Rubén Darío en cuya poesía gozan ejecución los instrumentos letrados de la armonía. Y para hacer una demostración del avance de sus ensayos cada domingo, nos pusieron un programa apto para ser puesto en los escenarios destinados a complacer los más rígidos gustos: Mozart en la obertura Don Giovanni, distinguido siempre por la frescura juvenil —no por eso superficial— que él impone en el criterio de su tabla donde vuelan la agilidad, la celeridad, la energía, la alegría, más expresivas en los conciertos donde predominan los instrumentos como el corno y el oboe donde la orquesta le cae encima a la última frase del solista.

Desfilaron clásicos como Juan Sibelius, Pietro Mascagni, los nuestros como Camilo Zapata y Alejandro Vega Matus para quienes hubo arreglos, aires oriundos del pulmón sinfónico. Lo más significativo es el reconocimiento que está mereciendo Luos Abraham Delgadillo cuya música cabe en cualquier proscenio donde se alza la grandeza del sonido: El Preludio Sinfónico Número 6 puesto en las manos y el sentimiento de estos jóvenes.