Dinero y poder

Este breve análisis no lo enfocaré en abstracto, sino aplicado a la realidad nicaragüense y el desempeño de estos dos factores por parte de ciertos individuos.

Este breve análisis no lo enfocaré en abstracto, sino aplicado a la realidad nicaragüense y el desempeño de estos dos factores por parte de ciertos individuos.

Hay muchas maneras de hacer dinero y formar un capital. Por herencia, por ahorro, por creatividad de algunos que quizás sin ser letrados tienen facultades innatas para montar un negocio o industria y poco a poco van engrandeciendo su capital. Es el caso del hombre del campo que comienza sembrando unas pocas manzanas y con la ayuda de un banco va progresivamente aumentando su producción y, lo que es más importante, elevando su productividad.

Hasta los años setenta del siglo pasado, el Banco Nacional de Nicaragua tenía un Departamento de Crédito Rural y 248 agrónomos que brindaban asistencia técnica y convencían a los productores que usaran los insumos que se les llevaba hasta sus comunidades, por medio de las 79 agencias en la mayoría de los municipios. Esto dio como resultado que al elevar su productividad obtenían mayores ingresos y aumentaban su capital, que les permitió pasar del crédito rural al crédito bancario.

Hay otros que piensan en hacer dinero con operaciones oscuras, ofreciendo peso y precios inexactos y otras truculencias, pero la gente los conoce muy bien. Y existe también el multimillonario negocio del narcotráfico, que es una plaga internacional en la que están involucrados hasta altos personajes y personas de todos los sectores sociales.

El dinero da poder y los grandes capitalistas pueden optar por seguir explotando a sus trabajadores o tener conciencia social. Por eso se ha visto cómo los Pellas y aquella gran empresa Saimsa en los Altos de Masaya, de la cual era socio principal el ingeniero Enrique Bolaños, y otras empresas que lamentablemente han sido la minoría, repartían o reparten un porcentaje de sus utilidades anuales entres sus trabajadores, así como otros beneficios sociales.

Hay otros que piensan en como hacer dinero con operaciones oscuras, ofreciendo peso y precios inexactos y otras truculencias pero que el pueblo los conoce muy bien. Y hay muchos que tienen otra visión, como aquel hijo a quien su padre le dice: “Este año vas a bachillerarte y debés pensar en estudiar una carrera que te provea buenos ingresos”. El hijo le contesta: “Papá, no voy a ir a la universidad, yo quiero meterme en la política y estoy seguro de hacer dinero”.

Precisamente, para algunos ese es el camino más fácil para tener dinero y capital y también poder. Los Somoza en 45 años llegaron a tener una gran fortuna y un gran poder. El poder de un dictador es inmenso y conlleva la oportunidad de convertirse en millonario, pues con solo mover un dedo todo el mundo lo acepta (lo que llamamos el dedazo), pues tener bajo su dominio a la Asamblea Nacional y todos los poderes del Estado, ya no se diga a todos los empleados públicos, desde ministros hasta el más humilde de los trabajadores, que son obligados a montarse en buses para engrosar las manifestaciones. O puede comprar la conciencia de la juventud, especialmente en ciertos sectores, que al facilitarles obviar sus necesidades económicas, van con las caras tapadas por vergüenza y ataca a la otra parte que ve un futuro incierto en la lucha para que Nicaragua vuelva a ser República.

Este poder es el que anhela una buena parte de gente que piensa que les durará toda la vida. Hay que recordar la historia de los grandes dictadores que ha tenido el mundo, dentro de la derecha y la izquierda, que perjudicaron a sus naciones y fracasaron en sus ideologías, como el comunismo. Pero todavía quedan algunos que se aferran a mantener a sus pueblos amordazados y amenazados.

Todo esto es poder omnímodo que ha rendido grandes beneficios a quienes eran revolucionarios y decían que querían que el pueblo saliera de su pobreza, y que ellos no querían tierra ni riqueza, pero el manejo del poder y del dinero les ha dado el beneficio de ser los capitalistas más grandes del país (Ortega-Murillo), haciendo un subliminal manejo de los medios de comunicación, violando la Constitución constantemente, practicando el fraude electoral, concentrando el poder absoluto, manejando dinero en abundancia y ocupando el “honroso” primer lugar entre los capitalistas del área centroamericana.

El autor es cooperativista, fue funcionario del BNN.

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