Septiembre es conocido como el Mes de la Patria. Por eso un día de estos me agarró por buscar una Bandera de Nicaragua para colgarla fuera de la casa a como hacen miles de nicaragüenses. Me quedé pensando un rato dónde conseguir una Bandera.
Hoy se cumplen
desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.
con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.
Septiembre es conocido como el Mes de la Patria. Por eso un día de estos me agarró por buscar una Bandera de Nicaragua para colgarla fuera de la casa a como hacen miles de nicaragüenses. Me quedé pensando un rato dónde conseguir una Bandera.
El espíritu partidista ha sido plaga de nuestra historia. Los partidos han hecho honor a su nombre; han partido o fracturado a los nicaragüenses, dificultando el desarrollo del sentido del “nos”, que es la esencia de la nacionalidad. Pablo Antonio Cuadra, (PAC), retrató el drama en su poema El hijo de septiembre : “Me fueguié liberal hasta el sepelio, con discursos en León. Pero en Granada me enterraron de verde y con tambores”.
Ayer 2 de septiembre se celebró oficialmente el Día del Ejército de Nicaragua y hoy, primer lunes de septiembre, se conmemora y se debería celebrar también con la misma pompa oficial, el Día de la Constitución.
Los nicaragüenses sufrimos los contrastes en la acción y el debate de nuestras necesidades y sus conveniencias. Identificamos dónde se origina el problema y siempre tomamos el camino más largo y pedregoso para llegar al fin. En ese andar vamos discutiendo con quien nos encontremos, convencidos que nuestra idea es mejor que la otra y cuando llegamos al punto ya otro problema nos alcanzó y así en la búsqueda de otra solución volvemos a reiniciar el ciclo.
En abril pasado salió publicado un nuevo libro del Premio Nobel de Literatura 2011, Mario Vargas Llosa, titulado La civilización del espectáculo, en un conjunto de ensayos el escritor nos dice entre otras cosas que “El triunfo del periodismo amarillista y la frivolidad de la política son síntomas de un mal mayor que aqueja a la sociedad contemporánea: la idea temeraria de convertir en bien supremo nuestra natural propensión a divertirnos. En el pasado, la cultura fue una especie de conciencia que impedía dar la espalda a la realidad. Ahora, actúa como mecanismo de distracción y entretenimiento. La figura del intelectual, que estructuró todo el siglo XX, hoy ha desaparecido del debate público. Aunque algunos firmen manifiestos o participen en polémicas, lo cierto es que su repercusión en la sociedad es mínima”.