Génesis Hernández Núñez
María López vende chicles y caramelos en la terminal de buses del mercado Roberto Huembes. También vende periódicos, pero no podrá leer este trabajo. Es analfabeta, igual que su mamá y sus tres hermanos.
Y según Juan Bautista Arríen, secretario permanente de la Unesco, el panorama no es muy distinto. “Tal como está estructurada nuestra sociedad, el campo, la ciudad, los niveles de pobreza que van a persistir, durante muchos, muchos años, todavía habrá niños en edad escolar fuera de la escuela”.
Sin embargo, Arríen afirma: “En este momento se está poniendo un gran énfasis en la batalla por el primero y segundo grado para garantizar la lectoescritura, quiere decir que las raíces mismas del analfabetismo se están tratando bastante bien”.
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Ella no quiso aprender porque no le gustaba ir a la escuela. Tampoco quiso aprender a leer y escribir en la jornada de alfabetización que permitió, según el Ministerio de Educación, declarar al país “territorio libre de analfabetismo” con un índice de 3.5 por cientoEsta cifra incluye solo a la población de 15 años o más. Sin embargo, lo que más preocupa es que entre la población de 10 años o más se registra un analfabetismo superior al 15 por ciento, según la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg).
Esta población, si no se atiende podría triplicar el índice de analfabetismo en el país, porque la “fábrica” de analfabetas no ha cerrado en Nicaragua, según la experta en educación, Vanessa Castro.
Por su parte Juan Bautista Arríen, secretario permanente de la Comisión Nacional del Fondo de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), dice que el analfabetismo es “movedizo” y es muy difícil dar una cifra exacta.
El Mined retomó desde el 2007 la Campaña Nacional de Alfabetización de Martí a Fidel. Desde entonces enseñaron a leer y escribir a medio millón de nicaragüenses.
No obstante, se desconoce cuántos de estos se incorporaron en la postalfabetización que se ofrece desde el 2009.El trabajo que realiza el Mined se enfoca en Matagalpa y Jinotega.
Arríen explica que esta decisión se tomó porque “se llevó a cabo un censo de manera muy particular en Matagalpa y Jinotega y la tasa de analfabetismo era bastante alta”.
Para Castro, “es muy apropiado que se prioricen zonas donde hay mayor deserción escolar y menos escolaridad. Priorizar es clave para atender los problemas educativos ”. Pero esto no significa que el analfabetismo está relegado al campo.
El economista Adolfo Acevedo opina que la primera condición para que cualquier persona pueda incorporarse con mínimas posibilidades de éxito, a las diversas esferas de la vida social, es aprender a leer y escribir, “aunque cada vez más este requisito será insuficiente”.
Y agrega que los analfabetas sufren una de las más graves formas de exclusión social, porque “están inhabilitados para desempeñar cualquier ocupación que requiera la más mínima calificación, (están) condenados a una vida de marginación, atraso y pobreza, impidiéndoles el ejercicio pleno de la ciudadanía”.
500
mil personas fueron alfabetizadas en el país en el 2009, según el Ministerio de Educación (Mined). Esto les permitió conseguir un índice de analfabetismo de 3.5 por ciento en la población de 15 años o más.
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