¿Qué hay detrás de las tasas?

Es quizás el lado más espinoso del microcrédito en Nicaragua: la tasa de interés. Es alta, critican algunos sectores.

Tenemos que encontrar un mecanismo para asegurarnos de que somos más eficientes y que siendo más eficientes podemos continuar reduciendo los niveles de tasas de interés”. Fernando Guzmán Cuadra, presidente de Asomif.

Ver Infografía

Wendy Álvarez Hidalgo y Gisella Canales Ewest

Es quizás el lado más espinoso del microcrédito en Nicaragua: la tasa de interés. Es alta, critican algunos sectores. Tal vez por su complejidad fue capaz de levantar en el pasado el furor de un movimiento de deudores que se negaban a honrar sus compromisos con las microfinancieras, a las que acusaban de cobrar tasas “usureras”. Y hasta el mismo Gobierno las calificó así en varias ocasiones, desatando una crisis sin precedentes.

Además dio paso a la aprobación de un marco legal que obliga a las gestoras del microcrédito a rendir cuentas al cliente sobre el cálculo de la misma, pero sin regularla. Pero se ha preguntado ¿por qué el microcrédito es más costoso que un préstamo común de la banca?, por ejemplo, ¿es realmente usura o responden a una realidad del sistema? Lo cierto es que llevar un pequeño crédito a manos de un artesano, un pescador, un vendedor de comida o un campesino en las zonas rurales, donde la banca no llega, requiere de una enorme inversión en logística y recurso humano.

Y, si la eficiencia no es un ingrediente sustancial en esa cadena de transferencia del capital, el mismo puede tornarse insostenible. Al menos esto es lo que explican expertos consultados por este Diario.

[doap_box title=»Tasas de microfinancieras no se pueden comparar con la banca» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

El consultor especializado en microfinanzas y finanzas rurales, Julio Ricardo Hernández, no considera que las tasas que cobra el sector sean usureras en comparación con las otras opciones de financiamiento que tiene ese segmento de la población que hace uso del microcrédito.

“Si yo, usuario del crédito, que estoy allá por el fondo de un barrio, lejísimo de Jalapa, qué otras alternativas para correr tengo frente a una oportunidad de negocios? Me voy donde el prestamista o empeño mi carro, o empeño un poquito de oro que tengo. ¿Y cuál es la tasa que cobran? Ahí no se ven altos los intereses que cobran las microfinancieras, son más bajos”, argumenta.

Hernández, quien recalca que no es correcto comparar las tasas de interés de las microfinanzas con las de la banca regular, pues deben ser comparadas únicamente con “la opción real que tienen los que no tienen acceso al crédito”.

[/doap_box]

El riesgo país también incide. En palabras del director de la Asociación Nicaragüense de Instituciones de Microfinanzas (Asomif), Alfredo Alaniz, “a mayor riesgo, mayor tasa”. Un alto riesgo país —que condiciona la posibilidad de recuperar un crédito— ocasiona que los proveedores de fondos de las microfinancieras eleven sus tasas de colocación, cuyo costo luego pesa sobre el prestatario. De hecho esa percepción de riesgo se deterioró hace cuatro años con el Movimiento No Pago, ocasionando que la tasa que cobran los fondeadores pasara de un ocho por ciento hasta un 14 por ciento por la zozobra que se vivió esos años.

Luis Noel Alfaro, profesor de la escuela de negocios Incae y especialista en finanzas para el desarrollo, apunta que la eficiencia es uno de los mayores retos de las microfinancieras. Esta condición se basa principalmente en la capacidad que tienen para colocar un microcrédito al menor costo.

No obstante, explica que “lo que sucede es que las tasas son más altas que del sistema bancario porque esta es una industria relacional, es una industria de puro caite, porque los asesores de crédito tienen que ir de cliente en cliente, de casa en casa, de tienda en tienda, de negocio en negocio, de referencia en referencia, precisamente consiguiendo información sobre los clientes”.

TECNOLOGÍA Y CAPACITACIÓN

Bajo esa perspectiva, es precisamente esa condición la que “hace que los costos operativos sean altos”, y por ende impacten las tasas finales, pero advierte que pese a esto “hay que cuidar que esas tasas sean competitivas para los clientes, y esto se logra precisamente teniendo un buen manejo de los costos de las instituciones en términos de eficiencia, en términos de manejo del riesgo”.

El sector está haciendo esfuerzos para mejorar su eficiencia. Al menos esto es lo que afirma Fernando Guzmán Cuadra, presidente de Asomif. La tecnología y las capacitaciones están siendo su punta de lanza. Guzmán señala que otro elemento que podría incidir en la reducción de las tasas es buscar más volúmenes de capital y hacer más grande la estructura operativa de la microfinanciera.

Y es que según Alaniz una institución con gran cartera financiera y mayor tamaño de operación ayuda a que el microcrédito sea más barato, contrario con lo que puede ocurrir si las disponibilidades son reducidas. “En la medida que sos más grande, ese costo (la tasa administrativa) representa cada vez más ‘menos’ porque usás el mismo personal para colocar varios créditos, tenés una capacidad económica para invertir en tecnología que te hace más productivo y eficiente”, dice.

Más allá del tamaño de la institución, Alfaro considera que todas las microfinancieras deben diseñar estrategias que les permitan reducir las tasas de interés. “Esto tiene que ver con inversiones estratégicas que tienen que hacer las instituciones en el mejoramiento de procesos, en el mejoramiento de la calidad de servicio al cliente, en la incorporación de tecnología adecuada. No se puede seguir manejando una institución con Excel, de una manera artesanal. Tiene que tenerse tecnologías y sistemas de información apropiados, a efectos que se logre ‘eficientar’ la institución”.

ALGUNOS ABUSAN

Pero en este complejo proceso de cálculo de tasa de interés no todo obedece a eficiencia o riesgo país. Hay algunas entidades que exceden los límites de la realidad. Los expertos admiten que existen microfinancieras que abusan en el cobro de las tasas de intereses de sus microcréditos. La presidente de la Red Centroamericana y del Caribe de Microfinanzas (Redcamif), Jacoba Rodríguez, reconoce que en el pasado “sí ha habido abusos y hay abusos todavía no a nivel de Centroamérica, porque ya más o menos hemos estado superando esa cosas, pero sí sabemos que se han dado en otros países”.

En esto coincide, Julio Ricardo Hernández, consultor sobre este tema, quien dice: “Efectivamente también hay microfinancieras o financieras que tienen unos costos horribles pero por puras ineficiencias de ellas. Porque no saben analizar sus créditos, tienen una mora muy alta, entonces los pocos que pagan, pagan hasta por los que no pagan”.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: