Juan Vega González (*)
Existe un cuestionamiento cada vez mayor sobre el rol y valor que la educación deja a la juventud. Las escuelas con espacios cerrados y estructuras verticalistas enseñan a los niños y jóvenes a repetir de memoria cosas poco útiles para sus vidas.
El déficit estructural yace en el diseño del sistema educativo, legado del sistema prusiano (sistema represivo y desvinculado de la realidad, diseñado en la era napoleónica para evitar futuras revoluciones).
Consecuencia de lo anterior, los niños tienen aversión a las clases. Están cansados de que se les diga que hacer y leer y que no. Frecuentemente no vuelven a tomar un libro después de la escuela y olvidan rápidamente lo que aprendieron en ella.
Muchos maestros también se sienten aprisionados por el sistema. Aprendieron bajo el mismo sistema represivo y burocrático que limita su creatividad y capacidad de expresar cariño y empatía con el alumno. Es difícil dar y enseñar lo que no te permiten.
Educar es cuidar, ayudar a descubrir el por qué de las cosas. El aprendizaje se da en un proceso de construcción colectiva entre profesor y alumnos. El momento en que el aprendizaje se vuelve un proceso fastidioso, se deja de aprender y comienza a olvidar.
Aprender es transformar (transformación continua). Su objetivo es procurar que alumnos y profesores mejoren su calidad de vida mediante aplicación del aprendizaje y que además el proceso sea feliz.
La forma en la que el profesor ve a los alumnos es clave. El centro de la educación es el estudiante, quién debe tener la posibilidad de probar y experimentar el placer de hacer y descubrir las cosas por sí mismo en un entorno facilitador.
La educación precisa “volver al origen”, ser útil, práctica y divertida. Necesita cambiar los aspectos que impiden que los estudiantes aprendan. Volver a la metodología participativa de los antiguos filósofos que enseñaban con la pedagogía de la pregunta.
Cada contenido educativo debería revisarse asegurando que responde a la necesidad empresarial y global en que vivimos. Sacar lo poco útil e incluir aspectos como educación financiera, oratoria, liderazgo, trabajo en equipo, negociación, ventas, servicio al cliente, comercio electrónico, etc.
Hay que permitir el cuestionamiento de la autoridad y fomentar la construcción compartida de conocimientos. Solo así dejaremos de tener millones de alumnos y profesores frustrados por un sistema que no les da lo necesario para vivir dignamente y ser felices.
(*) Director de Promifin, [email protected]
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