Caracas/EFE
Después de 14 años en el poder y un año y medio en tratamiento de un cáncer, el presidente Hugo Chávez no cede al tiempo y ayer logró su propósito de alcanzar las dos décadas en el poder para profundizar su particular proyecto socialista.
Además, el fracasado golpe de Estado en su contra en 2002 que lo sacó del poder 48 horas. El 30 de junio de 2011 apareció en cadena de televisión para decir a la nación que tenía cáncer.
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Chávez tendrá un cuarto mandato, el tercero consecutivo, y con ello prolongará la guerra de odios y pasiones que le convierten en una figura idolatrada por unos como un defensor de la democracia con sensibilidad social y vilipendiada por otros que lo ven como un dictador populista preocupado por sí mismo.
Extrovertido, impúdico, carismático, Chávez ha hecho del ejercicio del poder un espectáculo televisivo en el que se presenta como defensor de los pobres, azote de los ricos, continuador del libertador Simón Bolívar y antagonista del “Imperio”, como llama a Estados Unidos.
Desde 1998 todo lo que sucede en esta nación tiene algún vínculo preposicional con Chávez. Pasa por, contra, sin, con, para, según, bajo o ante el comandante-presidente de Venezuela.
Hay quien sostiene que para los venezolanos su liderazgo tiene más de espiritual y religioso que de político y revolucionario. Por su discurso pasan Jesucristo, Che Guevara, Mao, Miranda, Túpac Katari o Marx en una extraña comunión que Chávez consigue armar en una suerte de doctrina.
Amigo de los líderes más controvertidos, como el iraní Mahmud Ahmadineyad o el fallecido dictador libio Muamar Gadafi, Chávez conjuga el tradicional caudillismo latinoamericano con una prédica en defensa de las luchas sociales que un día bautizó con el pegadizo nombre de socialismo del siglo XXI.
El único antecedente político en su familia fue su bisabuelo Pedro Pérez Delgado, apodado “Maisanta”, un caudillo popular de aquellos que eran alzados rápidamente al grado de general y que peleó contra la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935).
Chávez se alistó en 1971 en la Academia Militar, pero no por vocación sino porque su entrenador, a quien él admiraba, creía que podía ayudarle en su carrera hacia el estrellato en las grandes ligas.
Se graduó en la academia en 1975 como subteniente y el pomposo título de “Licenciado en Ciencias y Artes Militares, Rama Ingeniería, Mención Terrestre”.
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