Pláticas de paz

Querida Nicaragua: No soy analista político ni nacional, ni internacional, pero el sentido común, que es el menos común de los sentidos, me indica el camino que considero adecuado.

Querida Nicaragua: No soy analista político ni nacional, ni internacional, pero el sentido común, que es el menos común de los sentidos, me indica el camino que considero adecuado.

Cuando se habla de pláticas de paz entre comunistas o terroristas y demócratas doy por sentado que es peligrosísimo negociar con terroristas. En segundo lugar, este tipo de gentes negocian cuando les conviene, les importa lo de ellos nada más. Tengo para mí que las llamadas FARC, con cincuenta años de existencia secuestrando, arrasando pueblos, chantajeando, tomando prisioneros a personeros del Gobierno, inclusive secuestrando a personalidades internacionales, traficando con drogas, es decir manejando trillones de dólares en su negocio sucio, pretenden ahora entrar a la política.

Pienso que, con todo respeto, el presidente de Colombia, don Juan Manuel Santos, está pecando de ingenuo o busca un premio Nobel de la Paz tan solo por haber hecho ese esfuerzo de negociar con los terroristas.

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Cuando se habla de pláticas de paz entre comunistas o terroristas y demócratas doy por sentado que es peligrosísimo negociar con ellos. Este tipo de gentes negocian cuando les conviene, les importa lo de ellos nada más. En el caso del gobierno de Colombia con las FARC, se me hace que si el presidente Juan Manuel Santos hace una mala negociación y permite darle a estos terroristas una parte del Gobierno, si concede una amnistía general y permite que se muevan libremente por todo el país e inclusive que formen su propio partido político, Colombia habrá caído en las redes del socialismo del siglo XXI.

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En el mundo hay suficientes experiencias como para conocer lo que son los comunistas y los terroristas que vienen a ser sinónimos.

Aquí en Nicaragua en los años ochenta la prepotencia del orteguismo era enorme. Elecciones para qué, declaraba Humberto Ortega, “pues el pueblo ya votó el 19 julio por su vanguardia el Frente Sandinista de Liberación Nacional”. Estas palabras están escritas y grabadas.

Luego vino la Contra y empezó a darles problemas. El país se hundía cada vez más, economía por el suelo, servicio militar obligatorio, angustia de las madres, escasez de todo. Y al final de los ochenta la Contra les tenía tomadas varias zonas del país. La situación no era fácil. El orteguismo estaba débil cuando surgió el Plan Arias para una paz firme y duradera. La primera reunión fue en Sapoá. El orteguismo inmediatamente corrió a dialogar con la Contra a pesar de que Tomás Borge había declarado que primero se caerían las estrellas del cielo antes de que se sentaran a hablar con la Contra. Esta vez los comunistas acudieron rápidamente al diálogo estando débiles para salvarse de la derrota que sufrirían frente a la Contra. Así se salvaron y lograron prebendas, piñatas y gobernar desde abajo y luego tomar el poder de nuevo. Ellos siempre negocian para ganar algo.

En el caso del gobierno de Colombia con las FARC se me hace que si el presidente Santos hace una mala negociación y permite darle a estos terroristas una parte del Gobierno, si concede una amnistía general y permite que se muevan libremente por todo el país e inclusive que formen su propio partido político, Colombia habrá caído en las redes del socialismo del siglo XXI. No hay manera de que las FARC, convertidas en partido político no ganen una elección. Tienen los millones suficientes como para repartir viviendas, televisores, motocicletas, pequeños negocios, préstamos, juguetes en Navidad, hasta lograr por interés la simpatía de la gente, que al final cae ingenuamente votando por aquellos que le han regalado cosas. Es el estilo de Pablo Escobar Gaviria y de tantos otros magnates de la droga a quienes los pueblos han rodeado y han considerado como sus héroes.

Ojalá que este comentario esté equivocado. Lo deseo de todo corazón. El autor es director general de Radio Corporación.

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