Después de la fraudulenta elección presidencial del 6 de noviembre del 2011, cuando el Consejo Supremo Electoral (CSE) de facto le otorgó a Daniel Ortega el 63 por ciento de los votos e impuso su reelección a pesar de que está expresamente prohibida por la Constitución de Nicaragua, el caudillo sandinista se burló de la ciudadanía opositora y aseguró que podía haber ganado hasta con el 80 por ciento de los sufragios.
La arrogancia es una característica de los caudillos autoritarios que concentran en sus manos todo el poder del Estado. Pero además, aquella expresión de Daniel Ortega se entendió como una advertencia de que en las siguientes votaciones, o sea en las municipales del recién pasado domingo 4 de noviembre, el CSE de facto le iba a atribuir al FSLN el 80 por ciento de los votos.
Pero aunque aumentaron artificiosamente los números no se atrevieron a tanto, pues, según el informe del CSE de facto el FSLN obtuvo el 67 por ciento de los votos, o sea que le dio cuatro puntos más que el año pasado. Sin embargo, como ha sido demostrado por LA PRENSA de manera detallada y debidamente documentada, el verdadero vencedor en estos comicios ha sido la abstención de más del 60 por ciento de los ciudadanos que estaban aptos para votar y voluntariamente decidieron no hacerlo.
De todos modos, con el porcentaje de votos que Ortega y el FSLN se atribuyeron en las últimas votaciones, se han acercado formalmente al promedio electoral que alcanzan los gobernantes de los países totalitarios y autoritarios, donde la gente vota pero no tiene derecho a elegir y el caudillo siempre “gana” las votaciones hasta con el 90 por ciento de los votos, o todavía más.
En Cuba, por ejemplo, donde por casualidad también hubo “elecciones” municipales el domingo pasado, la Comisión Electoral Nacional de ese país comunista (que es el organismo cubano equivalente al Consejo Supremo Electoral orteguista de Nicaragua), informó oficialmente que en esos comicios participó más del 85.5 por ciento de los cubanos que tenían derecho de ir a votar. Y justificó que la participación haya sido tan “reducida”, por las labores de recuperación de los daños causados por el huracán Sandy en el Oriente de Cuba, donde el fenómeno meteorológico impactó con mayor fuerza a la isla.
Pero, ¿cómo y por qué es que en los países totalitarios participan todos los votantes y además solo votan por los candidatos del partido gobernante? Y por otro lado, ¿a qué se debe que los caudillos gobernantes de los países autoritarios se eligen y se hacen reelegir generalmente con más del 60 por ciento de los votos? La respuesta es simple. Lo que pasa es que en esos países hay temor a discrepar del poder. Allí no hay ciudadanos sino siervos políticos que viven dominados por el miedo y no tienen ninguna posibilidad de elegir a sus gobernantes.
Pero está demostrado que cuando el pueblo puede votar en elecciones justas y limpias, rechaza al totalitarismo y al autoritarismo y elige la libertad. Así ocurrió en Nicaragua, en 1990, y seguramente volvería a ocurrir. En efecto, la gran abstención del domingo pasado ha indicado que el FSLN sigue siendo una minoría, pues no cabe ninguna duda de que todos los orteguistas cumplieron disciplinadamente la orden de ir a votar.
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