Atrás quedaron las especulaciones y elucubraciones sobre los posibles resultados de las elecciones municipales. Los números de los magistrados de facto del Consejo Supremo Electoral (CSE) son apabullantes tanto para el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) como el Partido Liberal Independiente (PLI), en cuanto al partido de gobierno si las cifras alcanzadas los emborrachan de soberbia, dejémoslos porque el despertar se parecerá mucho a lo sucedido a Somoza o a ellos mismos en la década de los noventa.
Pero en realidad el objetivo de este artículo no es darle consejos al Gobierno, sino analizar las experiencias adquiridas tras las pasadas elecciones, mi criterio es que nos dejaron cosas buenas, malas y feas.
Comencemos por las buenas para ser propositivos. Si de algo sirvieron estas elecciones fue para mandar definitivamente al basurero de la historia a los partidos zancudos y sus “líderes”, me refiero específicamente al Apre, ALN y PC, seguir considerando a estos grupúsculos como opositores sería un absurdo.
En cuanto al PLC se confirmó lo que todos sabíamos, que Arnoldo Alemán jamás soltaría del abrazo de la muerte al partido que él ayudó a refundar hasta refundirlo junto con su imagen. La sociedad civil o los sin partidos, llámelos como mejor le parezca. Pero la verdad es que este grupo social recobró el decoro al no prestarse a participar en unas votaciones que no elegían.
No importa cómo maquillen los números los magistrados de facto, la verdad es que los demócratas siguen siendo una mayoría que sobrepasa holgadamente el cincuenta por ciento y no les quepa la menor duda que muy pronto estará dando nuevamente la batalla.
En cuanto a lo malo, se confirmaron una vez más los vicios que arrastra nuestro sistema electoral corrupto. Magistrados ejerciendo con sus cargos vencidos, el ratón loco, muertos votando o de candidatos, manipulación de datos en Juntas Receptoras de Votos, cambio de resultados en actas de escrutinio, personas votando más de una vez, juntas preñadas, en fin toda una suerte de marrullerías que le permitió al partido de gobierno asistir al proceso electoral con ventajas.
En cuanto a lo feo, como dice el refrán popular cuando a alguien le va mal. En esta ocasión al PLI le tocó bailar con la fea, fuimos muchos los que de todas las maneras posibles le hicimos saber a los tomadores de decisiones que era un error asistir a estas elecciones, que el pueblo estaba cansado de participar en elecciones amañadas, manipuladas y que no elegían, que debíamos saber interpretar esa convicción o exponernos a sufrir un rechazo convertido en abstención. Desgraciadamente se impusieron los consejeros que aconsejaban de manera diferente, considero que la pérdida de medio millón de votos en escasos 12 meses es algo que debe de llamar a la reflexión.
En cuanto al liberalismo, si no encuentran la forma de reinventarse correrá la misma suerte de los grupúsculos que en estas elecciones fueron sepultados. Esto significa que en futuras elecciones se deberá ofrecer al pueblo candidatos con arraigo en sus comunidades debiendo incorporar savia nueva de jóvenes con vocación de servicio y liderazgo. La hora de tender un puente a las nuevas generaciones para que estos se hagan cargo hoy del futuro en que habrán de vivir mañana ha llegado. Solo así podremos decirle a la patria, misión cumplida.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y actualmente miembro del PLI.
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