“No siempre el equipo de más talento es el que gana”, dijo a su llegada a Panamá, el mentor de Brasil, Barry Larkin. Y luego se dedicó a probarlo.
Brasil fue la gran sorpresa del torneo clasificatorio hacia el Clásico Mundial, en el cual Panamá era el favorito.
Pero fueron los brasileños los que dieron la campanada al imponerse en tres juegos, a base de un picheo riguroso y una defensa precisa.
Brasil también bateó aunque sin poder (.316) pero un elemento clave que fue “jugamos sin errores mentales”, agregó el mánager.
Y ciertamente, Brasil fue consistente ejecutando las pequeñas cosas que llevan a grandes triunfos, como los conseguidos en Panamá.
Fueron pacientes en el home, ligeros en las bases, precisos con sus toques y oportunos con sus elevados. Lo demás, lo hizo el picheo.
¿Pero cómo lograron llegar a este momento? ¿Cuál fue el secreto para este éxito? No hay ningún secreto, solo trabajo y organización.
“Llegué a Brasil hace tres años y desde entonces comencé a observar el talento, a evaluarlo y clasificarlo”, explica el mánager Larkin.
¿Y aquí en Nicaragua, desde cuándo se comenzó a trabajar para el Clásico? ¿Cómo se le dio seguimiento al personal que iría en el equipo?
Ahora, el éxito de los brasileños no se circunscribe a su labor de tres años con las visitas esporádicas de Larkin. Hay que ir más atrás.
Ahí hay mucho trabajo de instructores japoneses que le inculcan disciplina y respeto a los jóvenes y niños que juegan beisbol en ese país.
Brasil nunca había sido un equipo competitivo en beisbol mayor, pero en las pequeñas ligas siempre han sido un hueso duro de roer.
Así que trabajo en las bases, aderezado con disciplina, organización y capacidad de gestión, han dado sus frutos ahora para Brasil.
¿Por qué no se hace aquí? Más vale tarde que nunca.
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