Bogotá/EFE
-Humberto de la Calle, jefe de los negociadores del Gobierno indicó que el diálogo “no tiene propósito de una gran algarabía sino una muestra de trabajo muy serio por parte del Gobierno, que realmente encuentra que hay opciones siempre y cuando mantengamos esa línea”.
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El alto el fuego unilateral de las FARC comenzó ayer entre la esperanza de alcanzar la paz tras casi 50 años de conflicto armado y el escepticismo del propio Gobierno, mientras en Cuba se realizaba el segundo día de negociaciones.
Ayer, el Ejército informó de la explosión de minas al paso de un grupo de soldados en Caloto (departamento del Cauca) que desencadenó, al parecer, un intercambio de disparos.
El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, expresó ayer que será “muy difícil” verificar el cumplimiento del cese al fuego, porque, según sus palabras, “ese grupo terrorista de las FARC ha hecho uso de bandas criminales para, por intermedio de ellas, cometer algunos de sus actos criminales”.
La posición inamovible del Gobierno contrasta con la opinión de algunos críticos, que consideran debería ser recíproco, pero en general todos coinciden en que el anuncio de las FARC dota al proceso de paz de una mayor esperanza.
“Es una decisión que hay que recibir positivamente porque conlleva un desescalamiento del conflicto”, afirmó el doctor en Ciencia Política Alejo Vargas.
Aún así, Vargas cree que “de ninguna manera obliga al Gobierno a una reciprocidad”, al justificar este argumento en el hecho de que en Colombia “hay una multiplicidad de violencias, lo que hace difícil a la fuerza pública aceptar un alto el fuego habiendo otros actores de violencia”, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), y a las bandas dedicadas al narcotráfico y la extorsión, nacidas en 2006.
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