Por si algunos, moros o cristianos, tenían alguna duda sobre la vocación arbitraria del régimen frentista que encabeza la familia Ortega-Murillo, ahí tienen la mejor muestra en lo ocurrido el pasado 4 de noviembre, cuando —tal como lo pronosticamos— se produjo la tercera farsa electoral consecutiva que ellos promueven, contra viento y marea, en su afán perverso de perpetuarse en el poder en Nicaragua.