La semana pasada fue marcada por dos sucesos de gran trascendencia: uno internacional que fue el fallo de la Corte Internacional de Justicia que reconoce el derecho de Nicaragua sobre su mar territorial del Caribe y el otro fue el fallo del Consejo Supremo Electoral (CSE) que no reconoce el derecho mayoritario de los nicaragüenses a elegir libremente, ni siquiera en los cuatro municipios del país que fueron asignados de forma fraudulenta al frente sandinista a pesar de que las actas en las Juntas Receptoras de Votos demostraban que en estos municipios había ganado la oposición.
En relación con el primer suceso, fue notoria y digna de encomio la invitación y aceptación de los diferentes jefes de Estado y excancilleres de la República a la conferencia de prensa de Ortega en lo que se calificó como “un acto de unidad nacional”, incluso, fue muy coherente la intervención del propio Ortega en ese acto en que llamó al presidente Santos a ser coherente y respetar el fallo de la Corte de La Haya.
No obstante, deslució este acto el haber intercalado una bandera del FSLN con una Bandera Nacional en la parte superior del estrado, dando a entender de que se trataba de otro acto partidario, o de gobierno, donde el orteguismo no escatima la oportunidad para mezclar lo partidario con lo nacional, tal como lo hizo durante su primer período en los años ochenta.
La Bandera Nacional debería de ondear sola en cualquier acto de gobierno, ya no digamos en un acto de la solemnidad y trascendencia como el del pasado lunes 19, cuando Nicaragua proyectó, por la presencia de expresidentes y excancilleres, una imagen de unidad nacional que solo deslució por el afán enfermizo de ubicar las banderas partidarias rojinegras, que cobija únicamente a los nicaragüenses afines a ese partido, intercaladas con las banderas azul y blanco que nos cobija a todos los nicaragüenses. Ya pareciera a la distancia y a los ojos de cualquier observador foráneo, que la bandera nacional tiene cuatro colores: azul, blanco, rojo y negro.
Por otro lado, el CSE demostró que ya no roban para el FSLN por necesidad, como lo hicieron con el fraude del 2008, cuando escondieron muchas actas que no les favorecían, sino que ahora lo hacen por hábito, por costumbre, porque aunque no necesitaban robar en esas elecciones por el gran abstencionismo producto de la pérdida de confianza del electorado en el CSE por sus propias actuaciones, ahora lo hacen en cuatro municipios que han sido bastiones liberales solo para congraciarse con el FSLN y demostrarle a Ortega que aún en esos territorios: Matiguás, El Almendro, Ciudad Darío y Nueva Guinea, “ya el FSLN es mayoría”. Un capricho de servilismo.
Ese robo descarado, producto de un hábito de un vicio, viene a empañar las elecciones en otros municipios, donde seguramente el partido de gobierno ganó limpiamente por el abstencionismo masivo. Lo único que ha demostrado es que se requiere un cambio total en el CSE que le devuelva la credibilidad al nicaragüense que su voto cuenta y será respetado.
Al Gobierno se le pide la misma coherencia a lo interno que demanda para Colombia: que se respete la voluntad popular devolviéndole al pueblo la soberanía de su voto y que no politice lo nacional a como lo hace diariamente ubicando de par a par la bandera del partido con la Bandera Nacional.
El autor es diputado .
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