Invitado por la Universidad de Alcalá de Henares para participar en los actos de conmemoración de los XXV años de cooperación en Centroamérica, bajo el lema: De la Constitución de 1812 al Bicentenario de la Universidad de Nicaragua, lo fui también, aprovechando mi estancia en España, por la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad de Alcalá, y por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, para exponer sobre el tema La filosofía ante los desafíos actuales, el mismo que había presentado en el Paraninfo de la Universidad de San Carlos de Guatemala el 15 de noviembre pasado, declarado por la Unesco Día Mundial de la Filosofía en el año 2012.
Los estudiantes españoles y latinoamericanos, lo mismo que los profesores en ambas universidades, demostraron mucho interés por los temas tratados y tuvieron una amplia y valiosa participación con sus preguntas y comentarios.
Como era lógico suponer, y dado que mi conferencia es una reflexión desde la filosofía sobre la crisis actual, cuyo impacto se ha dejado sentir en los países de la Unión Europea, particularmente en España, las intervenciones de los participantes, que además directa o indirectamente la viven y padecen, se centraron en el papel de la filosofía ante los trascendentales acontecimientos de nuestro tiempo.
Menciono a continuación algunos de los ejes temáticos del diálogo sostenido en ambas conferencias: filosofía y realidad ¿cómo se relacionan?; ¿cómo puede haber filosofía fuera del pensamiento eurocéntrico?; ¿cuáles han sido las principales líneas del pensamiento en América Latina en el siglo XX?; ¿qué hacer ante la crisis actual?; ¿qué puede y debe hacer ante ella la filosofía?; ¿en qué consiste la crisis de valores de nuestro tiempo y el colapso moral del capitalismo financiero especulativo?; ¿hacia dónde va el mundo con la globalización y con la crisis de la globalización como sistema viable?; ¿y la juventud?, ¿qué debe hacer situada como está ante el desencanto, la indiferencia y la indignación?; ¿cuáles podrían ser las bases de una nueva filosofía política, o de una nueva filosofía a secas?; ¿cuál es el criterio de justicia que debe prevalecer y por el cual luchar?
Una de las ideas predominantes se refirió a la crisis de valores morales del sistema financiero y de ciertas estructuras de poder del sistema político en general. Pero fundamentalmente se resaltó que más allá de la actitud personal de algunos liderazgos, estaba el debilitamiento ético de una parte del sistema financiero mundial, pensado para obtener ganancias y utilidades sin importar las medidas que para ello se apliquen.
La ética de los valores financieros ha sustituido a la ética de los valores morales, en un mundo en el que el que se enriquece se hace merecedor de toda admiración y reconocimiento, sin importar qué medidas utilizó para alcanzar sus ganancias. Quien haciendo de la deshonestidad financiera unas norma de conducta alcanza lo que se propone, deviene ejemplo y paradigma. Es el “ganador” el que obtuvo lo que se proponía usando métodos poco recomendables, los que por arte de magia de los resultados se transforman en medidas y conductas dignas de admiración. Los otros son los “perdedores”, los que no han sido capaces de hacer de la irregularidad un medio eficaz para el enriquecimiento.
¿Y la filosofía?, ¿qué tiene que ver con esa realidad del capitalismo financiero especulativo, causante de la crisis que amenaza con un colapso del sistema? La idea predominante es que tiene que ver y tiene que ver mucho, pues la filosofía no es ni debe ser un sistema de razonamiento abstracto sin nexos con el mundo que habita, no puede pensar únicamente en el cielo de las ideas puras, en el “topos uranus” de Platón, sin conexión con su tiempo y medio. La idea central de la filosofía ante los desafíos actuales es asumir su circunstancia y la relación dialéctica entre razón y realidad, pues la razón es una forma de la realidad y esta la incorporación del pensamiento, conceptos y categorías en el mundo real.
La filosofía debe reafirmar esta relación interactuante, fortalecer una ética de los valores, hacer ver que ningún sistema es la posibilidad sin límites, sino que debe actuar a partir de los límites de la posibilidad. La nueva filosofía política debe asumir esta situación como centro de su reflexión, replanteando el concepto de justicia que Platón define en República, pues si bien justo es dar a cada uno lo suyo y justicia es dar a cada quien lo que le corresponde, toca a la filosofía definir lo suyo de cada uno y lo que a cada quien corresponde, a partir de criterios que eliminen toda exclusión y se basen en principios de libertad, igualdad y solidaridad, cuyos contenidos y alcances le corresponde ir estableciendo mediante el ejercicio del pensamiento crítico y el diálogo.
En cuanto a la juventud, quizás sea esta la más perjudicada por lo que está ocurriendo, pues se siente en un mundo sin esperanzas y en el que toda ilusión se ve suplantada por la ambición de la riqueza, además de padecer en forma directa las consecuencias del desempleo que hacen que salgan graduados de las universidades con pocas posibilidades de encontrar trabajo. Es una generación de desempleados con diploma.
Su protesta e insatisfacción me hace recordar aquella de París de mayo de 1968 cuando, entre otras cosas, los jóvenes pintaban los muros con leyendas que han hecho historia: “si no nos dejan soñar no los dejaremos dormir”, “seamos realistas, exijamos lo imposible”, “prohibido prohibir”, entre otras que pasaron como testimonio de una época de frustraciones e ilusiones, desencantos y nuevas esperanzas.
En general, nuestro planteamiento y el diálogo que de él se derivó, se dirigió, sobre todo, a la identificación de las causas de la crisis actual y a la búsqueda de alternativas que a nuestro juicio podrían orientarse, en líneas generales, a la recuperación de la idea del Estado Social de Derecho y de la Economía Social de Mercado, al establecimiento de medidas de regulación del poder público sobre el mercado, estableciendo también con toda claridad los límites del ejercicio del poder por parte del Estado y el fortalecimiento de la idea y práctica de ciudadanía, como base de una verdadera democracia. Para todo ello se consideró clave el papel de la juventud como sujeto y destinatario importante en todo ese proceso de reformulación del sistema, en cuyo planteamiento la filosofía política tiene un papel preponderante como promotora del debate de las ideas que sea expresión de la racionalidad, el pensamiento crítico y el ejercicio de la libertad.
El autor es jurista, filósofo y escritor nicaragüense.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A