El querer “vivir bien” sin trabajar, ha sido una antigua tentación. Durante todos los tiempos la historia ha sido testigo, de generaciones y generaciones de gentes, que su negocio es conseguir la gran vida con el mínimo esfuerzo. ¿Qué pasa con este fenómeno social de cargar individuos y familias completas que le dieron muerte al trabajo? Hasta dentro de la Iglesia cristiana del primer siglo, la gente se convertía en “vividora” dentro de los templos, de manera que el apóstol Pablo en su carta a los tesalonicenses ordena con dureza: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”.