Antes de las elecciones algunos nos llamaron cómplices y zancudos por participar en las pasadas elecciones municipales, que sirvió para aguarle la fiesta supuestamente limpia al orteguismo, demostrando con actas en mano lo acaecido en Ciudad Darío, Matiguás, El Almendro y Nueva Guinea. Ahora que somos los encargados de buscar la solución a los problemas que enfrenta la oposición, nos topamos con lo mismo de ayer. La unidad, sin ella no hay esperanza, vienen otros insinuando que es un error juntarnos con quienes entregaron al país y aquellos que teniendo en su momento el respaldo del pueblo no supieron qué hacer con él, total quedamos en las mismas, una oposición con cuerpo, pero sin cabeza, miles de potenciales líderes dispersos y sin estrategia ni horizonte, menos aun sin capacidad económica, una empresa privada seducida y casi en su totalidad arrodillada y vencida por sus antiguos carceleros y verdugos ¿qué hacemos?
Primero hay que caer en razón al aceptar que ni Arnoldo Alemán, ni Eduardo Montealegre nos representan a todos los opositores, sino a algunos. El primero dejó de ser lo que era años atrás, por lo que todos sabemos y en donde el único responsable ha sido él, y el segundo pasó ocho años remplazando el liderazgo de Arnoldo y aniquilando al PLC, para intentar hacer las cosas mejores, pero falló. No es necesario ser analista para darnos cuenta que hoy estamos peor que antes. Tanto el PLI como el partido de Alemán están en la lona. Nuestra gente que ha trabajado ya tres veces en las elecciones pasadas se siente defraudada e impotente ante tanto atraco y violaciones a nuestros derechos, nuestras estructuras profundamente golpeadas, nuestro tendido electoral —léase fiscales— no se ha rendido, pero sí están ardidos de tanta ineptitud de parte de nuestros líderes nacionales. No intento buscar culpables, trato de buscar soluciones, y esto pasa por sincerarnos. O se suman para buscarle una salida a este atolladero en donde nos metieron, o se apartan los dos. Eduardo y Arnoldo: ustedes decidan, pero el votante ya está hastiado de orteguismo y de fraudes.
Me aventuraré yo, un miembro más de esta descabezada oposición y de la enclenque bancada a la que pertenezco, a sugerir en la medida de mi capacidad una idea.
Requerimos una verdadera unidad, pero no a medias sino total, que la unidad se dé primero entre todos los grupos liberales sin excluir a nadie y sin cuotas de cargos, llámese de magistrados, diputados nacionales, departamentales, alcaldes y candidato a la presidencia. Todos deben quedar a merced de elecciones en asambleas o votaciones simultáneas en un mismo día, dirigidas por un tribunal electoral de notables a nivel nacional.
Una vez unidos y decididos impulsemos una estrategia a base de plantones para garantizar cambiar a los delincuentes magistrados del poder electoral y así garantizar transparencia en el proceso, conformando un verdadero dique para la defensa del voto.
Todos podrán inscribirse para los cargos correspondientes y saldrán a trabajar para buscar el respaldo de la población, incluyendo los partidos o movimientos que quieran derrotar al orteguismo. Repito, sin cuotas. Que este esfuerzo se inicie en el 2013 y que se prepare todo para que en el 2014 salgan nuestros candidatos a hacer campaña.
Habría que crear una comisión nacional de finanzas para recaudar, administrar y suministrar de manera transparente los fondos conseguidos para la campaña 2016. Solo así, quizá logremos despertar en la gente la necesidad de volver a creer en algo o en alguien.
En la actualidad no hay un verdadero y único líder porque no se atreve a serlo o porque está demasiado comprometido con el adversario que se le hace imposible imponerse. Cualquiera que sea el pegón debemos salir de él. Hay que crear un grupo élite de jóvenes que se encargue de las universidades y de los colegios de secundaria para incentivar el voto, luego, claro está, nuestro candidato a la presidencia debe ser un personaje que atraiga la gente de entre 16 y 35 años con propuestas e ideas frescas que se identifiquen con ese target de edad, sin olvidar al resto de votantes mayores.
Que el tema de la casilla y el partido sea lo último a discutir. Busquemos ese acercamiento con todos los liberales y luego con los demás movimientos, ONG, gremios y personalidades que aun existen en nuestra amada patria, dispuestos a no claudicar en la lucha democrática que tanto sacrificio y sangre le ha costado a nuestra nación. Si es esencial renunciar a mi escaño o a las demás curules para lograr lo expuesto, someto a consideración de mis demás colegas que se hacen llamar opositores diputados tomar en cuenta esta simple pero contundente propuesta, ya que lo vivido este año 2012 más que enorgullecerme me avergüenza. No fue para eso que le acepté a don Fabio Gadea Mantilla, a Eduardo Montealegre y a mis coterráneos matagalpinos ir a la Asamblea Nacional, fue para ser verdadera oposición, no un remedo de ella.
Por último, esta pequeña y a lo mejor ingenua propuesta, confieso que sale de mi más genuino interés de hacer algo por mi gente que no comulga, ni digiere este sistema corrupto y sacrílego parecido más a un castigo que a un gobierno de turno. Además, espero no ofender el ego de algunos dirigentes vitalicios, ni hacerle pasar un mal momento en estas fiestas de Navidad, pero esta es mi carta al Niño Dios. Feliz Año Nuevo.
El autor es periodista y diputado de oposición
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