LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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Humberto Belli Pereira

El poder del pesebre

Desde su nacimiento hasta su muerte, la vida de Jesucristo difiere mucho de lo que podía esperarse del mesías libertador que anhelaban los judíos. Su venida al mundo no pudo ser más humilde: una pareja de forasteros en Belén, pidiendo posada con premura, porque la mujer está de parto. Nadie los alberga. El niño nace entonces en un establo y solo se enteran unos campistos de la vecindad quienes al pie del pesebre relatarían, a los admirados padres, haber escuchado ángeles anunciándoles el nacimiento del Mesías. El resto de los pobladores de Belén no oyó nada. Para ellos fue una noche cualquiera.

El niño creció y después de una vida oculta como artesano, comenzó a difundir un mensaje religioso muy novedoso y a realizar, según narrativas de algunos seguidores, muchos milagros. Pero él no buscaba popularidad. Cuando alimentó a la muchedumbre, tras la famosa multiplicación de los panes, lo hizo por compasión, no por ganar adeptos. El pueblo entonces lo quiso proclamar rey, pero él se escondió. A diferencia de los demagogos no buscaba halagar las muchedumbres sino cambiar su conducta. Sus discursos no disimulaban sus exigencias. Él admite ser el mesías, pero decepciona a la mayoría de los israelitas que deseaban el restablecimiento del reino Davídico y la independencia del poder romano. Y es que no aspiraba al poder político, ni llamaba al pueblo a sacudirse del yugo imperialista.

La liberación que proponía Jesús era mucho más profunda. Benedicto XVI, en su nuevo libro sobre la infancia de Jesús, ilustra el punto con la historia del paralítico, cuyos amigos lo introdujeron en la casa en que estaba el Maestro, perforando el techo. Las palabras de Jesús desconcertaron a todos: “Hijo mío, tus pecados son perdonados”. Era lo que la gente menos esperaba y lo que menos les importaba; el afán era que el paralítico caminara. Pero Jesús quería demostrar lo que es prioritario. “El hombre es un ser relacional”, comenta Benedicto, “y si su primera y fundamental relación —su vinculación con Dios— es perturbada, entonces nada puede estar verdaderamente en orden”. Jesús quería demostrar que sin sanidad interior todo lo demás, aunque parezca bueno, queda contaminado.

A diferencia de Mahoma, que además de supuesto profeta fue también jefe de estado, endosando así la fusión de religión con poder político, Jesús separó inequívocamente las dos esferas —al Cesar lo que es de César y a Dios lo que es de Dios— y no aceptó, en palabras de Juan Pablo II, “la posición de quienes mezclaban las cosas de Dios con actitudes meramente políticas (cf. Mt 22, 21; Mc 12, 17; Jn 18, 36). “Soy Rey”, le dijo a Pilatos, “pero mi reino no es de este mundo”.

El mensaje de Jesús caló en un grupito de seguidores pero no en las masas. Al final, quienes lo habían vitoreado esperando un líder que les traería prosperidad y liberación política, le dieron la espalda. “Nosotros no tenemos más rey que César”, gritaron. Luego prefirieron que soltaran a Barrabás, un revolucionario. Si el nacimiento de Jesús fue oscuro su muerte fue ignominiosa.

Lo curioso es que este hombre que nunca buscó el poder, las armas o el dinero, y que murió como un fracasado, abandonado por su pueblo y sus amigos, ha tenido en el mundo una influencia que ningún otro personaje ha podido soñar. ¿Dónde están hoy los seguidores de quienes dominaron grandes imperios y ejércitos, de Alejandro Magno, Julio César o Napoleón? Sin embargo el niño de Belén, y quienes le siguen, han seguido cambiando a través de los siglos vidas, culturas y naciones. Es la lógica del pesebre: suave y oculta, pero profundamente eficaz.  

El autor es sociólogo, fue ministro de educación (1990-1998).

 

COMENTARIOS

  1. soberano
    Hace 9 años

    ¿Pero había o no burros y vacas en el establo? ¡Esa es la cuestión de actualidad!

  2. Victor M Ortega
    Hace 9 años

    Ell nacimiento de Jesus no paso desapercibido, pues ademas de anunciarlo los angeles y huestes celestiales a los pastores, estos lo divulgaron en todo Israel. Luego, tres reyes magos venidos del oriente fueron donde el rey buscando al Mesias y esto provoco gran revuelo en todo Jerusalen, que llevo incluso a la masacre de inocentes. Es contradictorio que Jesus separo la Iglesia del Estado, mientras que el Papado convirtio a la Iglesia en un Estado, el Estado Pontificio, con embajadores y pompa

  3. fernando
    Hace 9 años

    Yo siempre creí que Barrabás era un delincuente común, un asesino. ¿Barrabás revolucionario?. ¿No será que el autor quiere acostumbrar a sus lectores al uso de la palabra revolucionario para describir todo lo que le es odioso?. Él tan conservador. Cristo era un revolucionario, y su sermón de la montaña, según Fidel, podría haber sido suscrito por Marx. ¿Quienes más son revolucionarios según el autor, Caín, Judas?. En Jesuchrist Superstar pusieron a un negro en el papel de Judas

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