Wilfredo Montalván
Los nicaragüenses en el exterior, que con nuestras remesas contribuimos con más de mil millones de dólares anuales al sostenimiento del Estado, aunque no se nos permita votar en fraudulentas elecciones, tenemos derecho a demandar que se nos aclare, de una vez por todas, en qué se están invirtiendo los casi diez mil millones de dólares que ha enviado desde el año 2007 el gobierno venezolano del presidente Chávez, a la camarilla gobernante de Nicaragua que encabezan la familia Ortega-Murillo.
Hacemos esta interrogante, por dos razones: Primero, porque hermanos venezolanos nos han hecho llegar información fidedigna en la que se acusa a la familia Ortega Murillo con graves cargos de corrupción a través de Albanisa. Segundo, porque en otras informaciones que nos llegan de Managua se nos asegura que la Asamblea Nacional de facto aprobó recientemente una partida en el Presupuesto General de la República del 2013 de 635 millones de córdobas, para abonar a la deuda que se tiene con el gobierno venezolano, es decir, que dicha deuda que originalmente se dijo que era privada, ahora deberá ser pagada con los impuestos que pagamos todos los nicaragüenses.
Queremos dejar constancia ante la opinión pública de que no nos preocupa el hecho de que hayan ricos en nuestra patria, sean estos nuevos o viejos. Lo que sí nos preocupa es que mientras el 40 por ciento de los nicaragüenses lucha por sobrevivir con dos dólares al día y otro 30 por ciento languidece con un dólar al día; mientras 500 mil niños padecen de espantosa miseria en las calles de Nicaragua y otros tantos miles de ancianos deambulan huérfanos del apoyo gubernamental en las aceras de nuestras ciudades; mientras nuestra juventud cada vez encuentra más difícil el acceso a una educación de calidad; mientras todo esto ocurre, haya una familia que, abusando del poder a diestra y siniestra, se ha convertido en una de las más acaudaladas de la región centroamericana.
Antes cuando se referían a Nicaragua decían la “hacienda de Somoza” y ahora poco a poco nos vamos convirtiendo en la “hacienda de la familia Ortega-Murillo”. De acuerdo con la información que disponemos dicha familia ha manejado a su discreción, es decir, sin rendirle cuentas a nadie, alrededor de diez mil millones de dólares, gran parte de los cuales los han invertido en su propio beneficio, en los siguientes rubros:
A) Compra de los negocios que tenía la tribu Seminole: hotel de lujo en el centro de Managua; dos fincas ganaderas de 2,500 manzanas con tres mil cabezas del mejor ganado del país. El comprador: Rafael Ortega Murillo.
B) Equipamiento y funcionamiento de la Compañía Constructora Nicaragua (Construnicsa) encargada de los trabajos de la Alcaldía de Managua y de las carreteras del país con contratos millonarios en dólares y sin que haya habido de por medio ninguna licitación.
C) Compra y consolidación de canales de televisión: 4, 3, 8, 13 y 91. Emisoras de radio, internet y otros medios de comunicación social.
D) Compra de negocios agropecuarios; industria automotriz, venta de agroquímicos (recibieron de Chávez veinte mil toneladas métricas de urea valoradas en seis millones de dólares) para la campaña electoral del 2006.
E) Apropiación indebida de más de cien carros Lada donados por Rusia (eran 550 en total) parte de los cuales pasaron al servicio del Canal 13 propiedad de la familia Ortega-Murillo.
F) A todo esto hay que agregar la famosa “piñata” de los ochenta: fábricas, haciendas, residencias, lecherías, hoteles, etc. parte de las cuales compartieron con la cúpula delincuencial del FSLN.
Después de leer esto algunos dejarán de preguntarse por qué en Transparencia Internacional (TI) hay quienes aseguran que “en Nicaragua hay algo que huele a podrido”. En consecuencia, para nuestros compatriotas la pregunta es: ¿hasta cuándo los nicaragüenses vamos a tolerar esta situación? ¿Hasta cuándo el Cosep, los sindicatos, la Policía y el Ejército Nacional y los partidos políticos van a seguir siendo cómplices de esa vergonzosa situación? Navidad es un buen tiempo para reflexionar. Esperemos que lo hagan porque mañana puede ser demasiado tarde, cuando tengamos que vernos envueltos en una nueva guerra más sangrienta que la anterior.
El autor es secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE). Costa Rica.