Moisés Ruiz Romero
Mucho se menciona la palabra “oposición” para referirse a los grupos y personas que somos adversos a Daniel Ortega, no como persona, sino como forma de hacer política.
Mi opinión es que no puede llamarse oposición a los partidos políticos como el PLI y el PLC, que se han acomodado a todas las violaciones constitucionales y han aceptado y están disfrutando de su pequeña rebanada del estado-botín. Tampoco puede llamársele oposición a la autonombrada “sociedad civil” que dan declaraciones en los pocos medios no orteguistas y hacen una marcha una vez al año.
En realidad, los nicaragüenses no nos hemos opuesto a todas las acciones ilegales del orteguismo. Si nos hubiésemos opuesto, siendo como somos, la mayoría, Ortega ni siquiera hubiera podido ser candidato en 2011, se hubiera visto obligado a elegir a los magistrados de todos los poderes del Estado y no hubiera podido nombrar, por ejemplo, a doña Aminta Granera en su actual cargo inconstitucional, sin mencionar las otras más de ochenta violaciones a la Constitución de parte del orteguismo.
La verdadera forma de hacer oposición ya nos la ha mencionado el propio hermano de Daniel Ortega y el ejemplo está dado por la primavera árabe y una gran multitud en Argentina oponiéndose a la reelección de la Kirschner.
En Nicaragua hay mucha gente ansiosa de manifestarse cívicamente, pero los “líderes de la oposición” no están dispuestos a llamar a la población a manifestaciones multitudinarias pacíficas y menos a enfrentar las consecuencias.
Muchos opinan que la reciente abstención de más del sesenta por ciento de la población fue producto de la falta de confianza en el CSE. Esta afirmación, viniendo de un “político de oposición” (aunque sea cierta), parece más bien una excusa para la falta de una visión política y de la falta de valentía y compromiso necesarios para actuar conforme a esa visión.
Los que creíamos en las elecciones y votábamos nos sentimos defraudados en las municipales del 2008, no solo por el robo descarado, sino, y quizás aún más, por la falta de acciones beligerantes por parte de los líderes del PLI, principal víctima de ese fraude. Esos mismos líderes nos aseguraron en el 2011 que existían planes y estrategias para no permitir que otra vez se robaran las elecciones. Les creímos y más del sesenta por ciento votamos por Fabio Gadea Mantilla y sabemos que ganó. En esas circunstancias los “líderes” decidieron asumir los escaños que les asignó el FSLN y así hacerse cómplices del despojo de la Presidencia y de la mayoría de la Asamblea Nacional Y esta es, creo yo, la razón por la que no salimos a votar: porque no creemos en los “líderes de la oposición”.
Los verdaderos líderes de la oposición serán los valientes y comprometidos con el futuro, que se pongan al frente de lo que sea necesario hacer para que en Nicaragua existan y se cumplan leyes orientadas al progreso de toda la nación y no al enriquecimiento de unos pocos, como ha sido desde los tiempos de Zelaya. De la misma manera que el FSLN fue la vanguardia indiscutible en la lucha contra el somocismo, antes de meterse a un proyecto contrario a la forma de ser del nica.
Aunque “los líderes” no lo orienten, las estructuras de campaña del PLI y del PLC en cada municipio deberían ser la punta de lanza para llamar, todos al mismo tiempo, a la población a manifestarse cívicamente y mantenerse movilizados hasta que Ortega entienda que no puede manipularnos a todos, todo el tiempo.
El autor es VicePresidente Departamental PLI-Managua.
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