DAMASCO/AFP
El presidente sirio Bashar al Asad pidió ayer un “diálogo nacional” para poner fin al conflicto que sacude al país desde hace 21 meses, y añadió que no discutirá con aquellos que se levantaron en armas contra el régimen, durante su primer discurso en siete meses, transmitido en televisión oficial.
Asad afirmó que el conflicto no enfrenta “al poder y a la oposición, sino a la patria y a sus enemigos, al pueblo y a sus asesinos”, agregando que algunos de ellos quieren la partición de Siria.
Asad lamentó no haber encontrado hasta ahora un “socio” para hallar una solución política al conflicto, haciendo alusión a la oposición que se niega a entablar negociaciones con él. Sin embargo, el mandatario precisó que el diálogo se iniciaría únicamente bajo ciertas condiciones.
“Los países involucrados deben comprometerse a no seguir financiando las armas y los hombres armados deben detener toda operación terrorista. Entonces, nuestras fuerzas cesarán inmediatamente las operaciones militares, conservando el derecho a replicar”.
La oposición se negó a la propuesta de diálogo, rechazando cualquier iniciativa que prevea mantener al régimen en el poder.
El ministro británico de Relaciones Exteriores, William Hague, dijo en su cuenta Twitter que “las promesas de reforma” de Bashar al Asad “no engañan a nadie”.
Berlín lamentó que el discurso no expresa “ninguna concienciación nueva”, denuncia un “tono marcial” y espera que Asad se “comprometa finalmente a hacer cesar la violencia de sus tropas” antes de evocar “vagas disposiciones para un cese al fuego”.
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