IV

Una vez me lanzaron allá arriba donde nacen los depredadores. Yo era un cobarde porque maldecía ser oruga y tenía espanto de ser un roble. Me negaba a que me azotaran los vendavales. Entonces fui un elegante y respetado ejemplar de saco y mocasines.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: