Pakistán volvió a vivir ayer el horror con tres ataques que dejaron 92 muertos en Quetta (suroeste). En el primero, un kamikaze hizo estallar una carga explosiva y mató a 11 personas en un mercado muy frecuentado. El explosivo estaba ubicado debajo de un vehículo de los Frontier Corps (FC), unidad paramilitar a la que estaba dirigido el ataque según la policía. Otros dos atentados se produjeron frente a un club de billar frecuentado por chiitas que mató a 81 personas, entre ellos 9 policías y un camarógrafo. Este es el ataque más mortífero en Pakistán desde 2011.
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