Tecoanapa, México/EFE
Cientos de campesinos e indígenas del estado de Guerrero, en el sur de México, se armaron y tomaron las entradas de los municipios Ayutla de los Libres, Tecoanapa, Florencio Villarreal, Cuautepec, Copala y San Marcos para defenderse de un grupo de narcotraficantes “que les pide pago de cuotas, cobra extorsiones y vende droga en sus escuelas”.
Uno de sus voceros, quien pidió el anonimato por seguridad, dijo que desde el domingo tomaron esa decisión, luego del secuestro de un ganadero de una comunidad de Tecoanapa, por el cual los presuntos delincuentes exigían un pago de casi 12 mil dólares. “En ese momento la población se armó y salió en busca del ganadero, se instalaron puestos de revisión y se logró su libertad y la captura de cinco secuestradores”, narró.
Los campesinos e indígenas, quienes en su mayoría portan escopetas y armas cortas, mantienen instalados puestos de seguridad en las carreteras y entradas a los municipios de Ayutla, Tecoanapa y Florencio Villarreal. En estas localidades pertenecientes a la región de la Costa Chica de Guerrero, que registra elevados índices de pobreza y marginación, se produce marihuana y es un paso para el trasiego de drogas a Estados Unidos.
En la zona opera un grupo del crimen organizado identificado por la autoridades como “Los Pelones” y que en un tiempo perteneció al cartel de Arturo Beltrán Leyva, fallecido en diciembre de 2009 en un enfrentamiento con miembros de la Marina.
La ola de violencia vinculada al crimen organizado causó unas 70,000 muertes en la administración de Felipe Calderón (2006-2012), que lanzó un combate frontal contra los cárteles de las drogas en el que los militares jugaron un papel fundamental.
El presidente Enrique Peña Nieto, quien asumió el poder en diciembre, ha dicho que mantendrá a los militares en las zonas más conflictivas, pero pondrá el énfasis en la seguridad ciudadana y en el trabajo de inteligencia para avanzar en la lucha contra el crimen.
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