Bono demográfico: la oportunidad de Nicaragua

El bono es una oportunidad única para Nicaragua de alcanzar el ansiado progreso económico y social. Es el período de la evolución demográfica durante el cual el número de personas en edad potencialmente productivas —de 15 a 59 años— crece de manera sostenida en relación con las personas potencialmente inactivas —niños y niñas menores de 15 años y adultos mayores de 60 años—. Se inició en 1970 y finalizará en el 2035. Desde 1990 la población en edad de trabajar ha crecido a casi dos millones de personas y en los próximos quinces años se incorporará un millón trescientos mil jóvenes al mercado laboral; los cuales hoy son niños y niñas en edad escolar.

El bono es una oportunidad única para Nicaragua de alcanzar el ansiado progreso económico y social. Es el período de la evolución demográfica durante el cual el número de personas en edad potencialmente productivas —de 15 a 59 años— crece de manera sostenida en relación con las personas potencialmente inactivas —niños y niñas menores de 15 años y adultos mayores de 60 años—. Se inició en 1970 y finalizará en el 2035. Desde 1990 la población en edad de trabajar ha crecido a casi dos millones de personas y en los próximos quinces años se incorporará un millón trescientos mil jóvenes al mercado laboral; los cuales hoy son niños y niñas en edad escolar.

Es imperativo que desde ahora y antes del 2035 el panorama de la economía doméstica se replantee sus niveles de productividad y competitividad. Se estima que en el país el 70 por ciento de los dos millones de personas en edad de trabajar no encuentra empleos formales y son parte del sector de los trabajadores por cuenta propia, que por su naturaleza de informalidad no acceden al Seguro Social ni a las perspectivas de un retiro digno, entre otros privilegios. Aún así y con estas condiciones que —de lejos son óptimas e ideales para este importante número de la población— pero gracias al mismo fenómeno del bono demográfico ha permitido cierta estabilidad y crecimiento económico en el país considerando que actualmente en los hogares nicaragüenses existen más personas contribuyendo con las cuotas de sus ingresos —y muchos de los cuales son inferiores al salario mínimo— a la economía familiar.

El 70 por ciento de nuestra población vive con menos de dos dólares al día y el costo de la vida aumenta y los salarios no mejoran. Muchos niños, adolescentes y jóvenes deciden no seguir estudiando ante el inminente encarecimiento de la vida. Es por ello que no podemos estar indiferentes ante el fenómeno del bono demográfico. Se estima que para el 2035 la población mayor de 60 años pasará de 370,000 personas que son ahora a ser más de un millón de personas aproximadamente, si no se atiende ni se actúa ahora Nicaragua nunca más tendrá esta oportunidad de cambiar su realidad; como en su momento lo hicieron los países del sudeste asiático que entendieron lo que significaba invertir en educación de calidad, en sus niños y niñas y en sus jóvenes. Debemos reconocer la urgencia de una profunda revisión y transformación de nuestro sistema educativo para que pueda responder a la Nicaragua del siglo XXI y del bono demográfico, insertada en las economías globalizadas y los mercados altamente competitivos que estará demandando capital humano calificado proveniente de ese millón trescientos mil jóvenes que merecen empleos dignos, de calidad y mejores condiciones de vida que las actuales generaciones.  

La autora es Directora Ejecutiva Foro EDUQUEMOS.

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