El ocaso del legado del déspota

Las elecciones del 14 de abril en Venezuela terminaron de demostrar que la fuerza arrolladora del chavismo se encuentra en completo declive.

Las elecciones del 14 de abril en Venezuela terminaron de demostrar que la fuerza arrolladora del chavismo se encuentra en completo declive.

Estando en vida el propio Hugo Chávez, su proyecto de internacionalización del socialismo del siglo XXI ya estaba en declive porque en octubre del 2012, millones de pobres de áreas marginales de Venezuela votaron a favor de Capriles,

Además, las grandes potencias de Latinoamérica nunca se plegaron a las aspiraciones radicales de Chávez, el déspota que se fue y que ya se enteraron, nadie lo puede revivir, ni el pajarito, ni Maduro, mucho menos los ateos esclavistas de la pobre Cuba, Raúl y Fidel.

Ese es el legado de Chávez, por eso es un déspota, porque sin autorización de los ciudadanos de ambos países, se inmiscuyó en los asuntos internos y oxigenó al régimen cubano, con un subsidio de 10,000 barriles diarios de petróleo, destinados a equipar y sostener a las fuerzas represivas del régimen, el Ejército y la Policía política comunista, su espionaje y las redes de chivatos y delatores que calle por calle hostigan al ciudadano.

Nada es gratuito, todo tiene un precio, son dictadores con agenda, sostener la utopía socialista en Cuba y América Latina.

Y en ello radica además lo oprobioso de Chávez, que como persona con preparación académica estuvo siempre enterado de que el socialismo y la estatización económica han sido un fracaso en el mundo y la historia humana y a pesar de ello, por mero egoísmo y afán de proyección, insistió en el mismo.

Por el lado de la fe, está claro que no le dio tiempo de arrepentirse de sus maldiciones a la tierra santa de Dios, Israel, aunque creo que sintió mucho temor al momento de enfermarse, no insistió más en sus maldiciones a Israel, más bien pretendió justificarse y evadir el tema, pero el mal ya estaba hecho y esto tuvo su precio.

El presidente de facto de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra, debe de poner su barba en remojo, la sabiduría popular dice, “por muy manso que sea el perro, no le pises la cola que te muerde”.

Señor Ortega no siga abusando del pueblo recuerde los 50,000 muertos a su cuenta.

Ya sabemos que el socialismo del siglo XXI tiene un pie en la fosa y el resultado electoral demuestra la falsedad de Ortega, que en el 2011 se recetó un apoyo del 65 por ciento, un crecimiento que ni el mismo chavismo con sus misiones de distribución de la riqueza, 14 años bolivarianos de la mayor suma de felicidad.

Chávez, redentor de América y “Cristo de los pobres”, como lo nombró Nicolás Maduro, su herencia este 14 de abril apenas ajustó para obtener un 50 por ciento de apoyo popular y una victoria fraudulenta de solo 225,000 votos arriba del hombre de 1,000 batallas, que surgió como el ave fénix, Capriles Radonski. El autor es abogado y laico bautista

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