Durante la celebración del 118 aniversario del natalicio de Sandino, en Niquinohomo, el sábado 18 de mayo, Daniel Ortega volvió a referirse a la construcción del Canal Interoceánico en Nicaragua, de lo cual se viene hablando desde comienzos del siglo XVI. Según una de las agencias internacionales de prensa que divulgó esta noticia, “Daniel Ortega informó que una empresa china, radicada en Hong Kong, evalúa la posibilidad de construir el anhelado Canal Interoceánico a través del lago Cocibolca, la reserva de agua más grande de Centroamérica, tras descartarse el uso del río San Juan, en la frontera con Costa Rica”.
Según declaró Ortega, fueron los chinos quienes determinaron que el Canal tendría que pasar por el lago de Nicaragua. Y agregó que el valor de la construcción del Canal ascendería a cuarenta mil millones de dólares, en vez de los treinta mil millones de dólares que el gobierno orteguista estimó en 2012, cuando se aprobó una ley que autoriza la construcción de la ruta interoceánica que sería de mayor capacidad que el Canal de Panamá.
Daniel Ortega minimizó el posible impacto ambiental tremendamente dañino para el presente y el futuro de Nicaragua, que podría tener una obra como esa. Y no se refirió a lo que han dicho conocedores del Lago Cocibolca, acerca de que en sus aguas es físicamente inviable una obra de tan grande envergadura. Además, Ortega habla en nombre de una supuesta empresa inversionista china radicada en Hong Kong, de la cual prácticamente nada se sabe y la que en todo caso debería dar la cara y explicar con los necesarios detalles ese gigantesco proyecto, en el cual los chinos estarían invirtiendo y arriesgando la astronómica suma de 40 mil millones de dólares.
De todas maneras, no se pierde nada con darle el beneficio de la duda a Ortega, en este caso, y asumir que es en serio que pretende impulsar la construcción del Canal por Nicaragua, junto con las otras grandes obras complementarias que anunció: puertos, pistas aéreas y un oleoducto que trasladaría el petróleo venezolano desde el Atlántico hasta el Pacífico. En general, para el país sería una gran cosa que ese Canal fuese construido y posteriormente administrado por una empresa mixta, en la cual, según Ortega, el Estado nicaragüense tendría el 51 por ciento de las acciones y los beneficios, y los chinos y otros inversionistas extranjeros que se quieran sumar el restante 49 por ciento. Sería bueno, repetimos, siempre y cuando el impacto ambiental fuese mínimo y manejable.
Sin embargo, antes de construir el Canal interoceánico Daniel Ortega debería reconstruir las instituciones democráticas del país, las cuales son mucho más importantes para el presente y el futuro de Nicaragua que el proyecto canalero; instituciones democráticas que le permitieron a Ortega volver a ser presidente de Nicaragua pero ya en el poder las ha desnaturalizado y socavado.
Reconstruir las instituciones no cuesta nada ni hace falta mucho tiempo para hacerlo. Solo se necesita voluntad política y disposición a respetar los principios y reglas básicas de la democracia: separación de poderes, independencia de la justicia, Estado de Derecho, transparencia gubernamental, pluralidad y libertad de prensa, órgano electoral independiente y garantía de elecciones libres y limpias. Nada más que eso.
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