Las interminables, fastidiosas, ingratas grabaciones telefónicas que tenemos que escuchar diariamente sin perder la paciencia al tratar de obtener llamadas necesarias o urgentes, están afectando a los nicaragüenses en sus derechos humanos, salud y bienestar, acaso convirtiéndose en pandemia nacional.
Aunque el tema no es original escribo este artículo con “cierta esperanza inútil”, de que las empresas encargadas tomen conciencia del padecimiento, angustia y tensión que producen muchas de estas grabaciones: Oigamos:
“El número que usted marcó ha cambiado, marque de nuevo agregando el número dos”. Uno ya ha marcado el consabido 2.
“El número que usted ha llamado se encuentra suspendido temporalmente”. En la mayoría de los casos esto es una falsedad, puede comprobarse volviendo a marcar obteniendo la comunicación. Pero es necesario no obedecer y conocer el truco.
“Usted ha llamado a la empresa tal, si desea comunicarse con: atención al cliente, servicios técnicos, consultas, departamento de ventas, cobranzas, etc”. “Si conoce el número de extensión márquelo ahora, si no, presione 1 para tal cosa, 2, para otra” y así sucesivamente. Confiadamente uno cree que ya se solucionó el caso, pero eso todavía está lejos. Con cierta alegría se presiona el número indicado, pero siempre o casi siempre sale otro lugar que no tiene nada que ver con la solicitud, además desde ese sitio no pueden trasladar la comunicación. Otra vez hay que empezar el recorrido escuchando de nuevo los servicios y sus respectivos números.
Uno de los peores momentos llega cuando la grabación justamente al final de la retahila dice: “o espere en línea para comunicarse con nuestras operadoras”, el timbre suena repetidas veces hasta que una voz humana, humana por fortuna, porque las grabaciones son voces de raras tonalidades frías, dice dulcemente: “su llamada es importante para nosotros: ¿cómo puedo ayudarlo?”, sorprendidas solicitamos la necesidad y la respuesta es: “espere un momento por favor”, (porque las respuestas son educadas). Empezamos una espera a veces prolongada escuchando música de moda, clásica, Navideña si es la temporada, o si no, debiendo oír una lista interminable de maravillas que ofrece la compañía, (propaganda obligada), finalmente se oyen uno, dos, tres timbrazos que nadie responde. Para nuestra desolación se escucha un sonido de línea cortada. En ese momento la persona que llama, si no es de hierro, ya se encuentra nerviosa, hastiada. No se puede protestar ante las grabaciones ni las operadoras, porque no oyen. A veces uno deja escapar alguna exclamación insolente, inútil además porque cae en el vacío del silencio.
Estos son unos pocos de los muchos ejemplos que a veces debemos sufrir con las grabaciones y el sistema en general, porque existen otro montón de ejemplos que inducen a la desesperación y sus posibles consecuencias.
No deseo referirme a ninguna empresa de comunicaciones en particular, a la larga todas se parecen y no conozco al genio inventor de este moderno avance. Supongo que inicialmente fue hecho para facilitar: una rápida información al servicio del progreso. La realidad es que en nuestro país las llamadas se han convertido en una maraña de situaciones difíciles en estos tiempos veloces… Parece que en algún momento se usaron voces provenientes de países con otros idiomas, por lo que a veces se escuchaban extrañas pronunciaciones. Parece que eso abarataba la comunicación, las voces mal pagadas provenían de países pobres para variar.
Otra razón para el descontento es que la obligada repetición de llamadas cuesta dinero. Cada vez que se inicia una nueva tentativa hay que pagarla. Los costos aumentan inevitablemente y creo que el cobro va directamente al consumidor.
Debo decir que en algunos escasos sitios la grabación indica comunicarte primero con la operadora para cualquier información. La operadora, una telefonista competente, amable, dispuesta a colaborar soluciona inmediatamente el caso y asunto concluido; por lo que pienso que una grabación impersonal no podrá jamás reponer al calor humano. La autora es escritora nicaragüense
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