Maras piden perdón

Líderes de las sangrientas pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y Mara 18 (M-18) de Honduras comparecieron ayer por separado ante la prensa en el Centro Penal de San Pedro Sula, pidieron perdón a los hondureños por sus crímenes y se manifestaron abiertos a una tregua.

Expertos en Seguridad indican que en Honduras la lucha es más cruenta que en El Salvador, por peleas de territorios, cobro de “impuesto de guerra” y vínculos con cárteles del narcotráfico, tráfico de armas, robo de vehículos y sicarios, lo que complica una tregua. LA PRENSA/EFE/STR

SAN PEDRO SULA/AFP/AP

Líderes de las sangrientas pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y Mara 18 (M-18) de Honduras comparecieron ayer por separado ante la prensa en el Centro Penal de San Pedro Sula, pidieron perdón a los hondureños por sus crímenes y se manifestaron abiertos a una tregua.

[doap_box title=»Escepticismo en medio de tregua» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Existe escepticismo sobre la incidencia real en una disminución de la violencia que pueda conllevar la tregua entre maras.

Un informe de la Oficina de Naciones Unidas Contra el Delito de 2010 con datos de la Policía Nacional de Honduras reflejaba que solo 30 por ciento de los homicidios estaba relacionado con la violencia generada por las pandillas.

Julieta Castellanos, rectora de la Universidad Nacional de Honduras y fundadora del Observatorio de la Violencia, expresó que “la dinámica de homicidios en el país va más allá de las pandillas y refleja la existencia de múltiples actores difíciles de señalar”.

Castellanos afirmó que “el Estado no debe subordinarse a una negociación con el delito” y que “ningún acuerdo con criminales puede utilizarse para aumentar el grado de impunidad en el país”.

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“Ofrecemos cero violencia en las calles, cero crímenes. Este es solo un primer paso y lo vamos a demostrar con los hechos”, sostuvo Marco, un integrante de la MS-13, que habló en representación de los miembros de la organización en las cárceles y en las calles. “Queremos ante Dios pedir perdón a la sociedad si en algún momento hicimos daños, pedir perdón también a nuestras autoridades (…) lo que queremos es trabajar, (…) paz con Dios, paz con nuestra sociedad y las autoridades”, añadió.

Los cabecillas, que comparecieron junto con los mediadores, el obispo de la ciudad, Rómulo Emiliani, y el representante de la Organización de Estados Americanos (OEA), Adam Blackwell, reafirmaron su voluntad de abrir un diálogo con las autoridades para poner coto a la espiral de violencia que hace de Honduras el país con el mayor índice de homicidios del mundo: 85.5 por cada 100,000 habitantes, gran parte atribuidos al narcotráfico y las pandillas.

El diálogo “es una semilla que se está sembrando y se espera que sea un árbol que dé buen fruto“, subrayó otro de los pandilleros, quien dijo llamarse Isaac Rageda, integrante de la MS-13, quien anunció como gesto de buena voluntad la donación a un asilo de ancianos de unas camas fabricadas por ellos en el taller de carpintería de la prisión.

“No pedimos que nos regalen, pero sí que nos ayuden. La tregua, el perdón, es hacia Dios primeramente y luego hacia las autoridades. La sociedad debe ver que nosotros queremos un cambio”, añadió Rageda.

Por su parte, un miembro de la M-18, que rehusó mencionar su nombre, dijo: “Venimos en son de paz, de pedir perdón a la sociedad”.

“Esto es un principio de todo un proceso de diálogo” para “mermar la violencia”, aseguró otro miembro de la M-18. “Les damos la palabra de que, si el Gobierno nos escucha, nos da fuentes de empleo, nos dan nuestros derechos y nos atienden, podemos seguir hablando”, señaló.

Desde el 2002, con la aplicación de la llamada ley antimaras, los principales líderes y cientos de miembros de las dos pandillas —MS-13 y M-18— están recluidos en las principales prisiones de Honduras, incluyendo la Penitenciaría Nacional (PN), 25 kilómetros al norte de la capital, y en el penal de San Pedro Sula, donde las autoridades los mantienen en celdas separadas.

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