Las cabañas de Montibelli tienen vista al bosque. Todo el día se escucha el canto de los pájaros.

Montibelli, pedacito de cielo

Ninguno de nosotros lo habría notado. Excepto Alejandro Lee. El colibrí más pequeño, azul y esponjado que uno pueda imaginarse se había posado entre dos matas de café. Y Alejandro, vaya usted a saber cómo, lo descubrió al primer vistazo.

Por Amalia del Cid

Ninguno de nosotros lo habría notado. Excepto Alejandro Lee. El colibrí más pequeño, azul y esponjado que uno pueda imaginarse se había posado entre dos matas de café. Y Alejandro, vaya usted a saber cómo, lo descubrió al primer vistazo.

[doap_box title=»SOBRE LA RESERVA» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

La Reserva Privada Montibelli es una propiedad familiar ubicada en el municipio de Ticuantepe, a 21 kilómetros de Managua. Abrió sus puertas al turismo en marzo del 2002.

Tiene una extensión de 220 manzanas y se encuentra entre 360 y 720 metros sobre el nivel del mar. El clima es fresco todo el año, con temperaturas entre los 18 y 28 grados centígrados.

Es uno de los últimos reductos del bosque tropical seco del país. Cuenta con más de 32 especies de mamíferos, 33 de reptiles y siete de anfibios, como la rana de ojos rojos que llega a reproducirse a Montibelli y se observa fácilmente durante la temporada de lluvia.

Entre sus paquetes para turistas, hay tours de mediodía, un día o dos días y una noche. La tarifa va desde 17 hasta 75 dólares por persona. Depende de si se va solo, en pareja o en grupo, y del tiempo que se desee permanecer en la reserva.

Las cabañas tienen baño, agua caliente y una preciosa vista del bosque.

También puede llevar tienda de campaña y acampar. Por ese derecho pagará 5 dólares.

El desayuno y la cena le costarán 4 dólares cada uno. El almuerzo vale 8 . Ninguno de estos precios incluye el IVA.

Si desea visitar fincas vecinas debe pagar 5 dólares.Y para hacer senderismo, otros 5 . La reserva le garantizará un guía.

Para más información, llame a los teléfonos: (505) 2220-9801/ 8975-5321. Visite la página web: www.montibelli.com O escriba al correo electrónico: info@montibelli.com

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“¡Ahí, vean!”, exclamó nuestro guía. Y los otros tres miembros de la expedición nos apiñamos para tratar de ver esa mota azul. Nos dirigíamos hacia El Mirador, por uno de los tres senderos de la Reserva Silvestre Privada Montibelli, en Ticuantepe, Managua. Un recorrido de media hora, por una cuesta poco inclinada de 750 metros, que nos dejó casi reventados. Excepto a Alejandro.

Hay que llevar pantalones, buenas botas, repelente de mosquitos y mucha agua a Montibelli.

Por el camino, el guía fue descubriendo lagartijas, garrobos, zenzontles, oropéndolas, palomas y guatusas. Y hablaba del preciso sistema de orientación de los murciélagos, de las extravagantes costumbres de los monos congos (que suelen arrojar inmundicias a quienes los perturban) y de por qué los “tucanes felices” se llaman así.

Toda esa fauna reside en este bosque. Y hay ardillas grises, armadillos, venados cola blanca, ranitas de ojos rojos, pizotes y guardatinajas. “También serpientes, pero nunca molestan”, nos tranquilizó Alejandro.

Además, en la reserva se encuentran 115 tipos de mariposas y 173 especies de aves nativas o migratorias. Así que en todo recorrido al turista le acompaña un concierto de pajaritos.

Vale la pena subir al mirador. Y no solo por los animales observados en el camino. Al llegar a la cima, la recompensa es una vista del cráter humeante del volcán Masaya y El Valle de Ticuantepe.

Petroglifos

En Montibelli también se ofrecen visitas a cuatro fincas vecinas. El turista puede elegir entre ordeñar vacas y preparar queso, recorrer cultivos de piña, caminar por campos de árboles frutales o visitar los petroglifos de la finca Palestina, que desde hace 116 años es propiedad de la familia de don Rodolfo Robles.

Fuimos a ver los petroglifos. Son inscripciones grabadas en rocas que “sudan” agua. Nadie sabe qué dicen. Ni siquiera quién las hizo. Pero algunos arqueólogos aficionados han estimado que podrían ser vestigios más antiguos que los que se encuentran en la Isla de Ometepe. Eso es lo que cuenta don Rodolfo a sus visitantes.

Y ya que nada se sabe de este mensaje en código, se da el permiso de bromear: “Dicen que esa F que se ve ahí, es la F de Facebook”.

Mejor que en casa

Al volver a la casona de Montibelli, el turista encuentra la mesa servida: café orgánico Casa Blanca, producido en la finca; frijoles fritos, queso rallado, arroz, pico de gallo, tortillas calientes, ensalada de vegetales, salsa de hongos, pollo o carne. Doña Ileana Hernández siempre se encarga de que todo se prepare al gusto del visitante.

Las ardillas bajan de los árboles y corretean por el patio, mientras los turistas comen en el corredor-restaurante. Montibelli es otro mundo, a pesar de que se encuentra a apenas media hora de viaje desde Managua.

Si usted se decide a visitar la reserva, puede alojarse en cómodas cabañas o acampar en casa de campaña. Despertará con el canto de los pájaros y al levantarse se verá rodeado de bosque. De seguro no se arrepentirá.

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