Snowden, inclasificable arquetipo de espía del siglo XXI

Durante mucho tiempo, un tránsfuga era un espía que se introducía por una puerta trasera en la embajada de un país enemigo llevando en la mano una maleta llena de secretos. Eso era la Guerra Fría. Pero luego llegó Edward Snowden, con su carita de adolescente, y desveló secretos a todo el planeta. Entonces, ¿tránsfuga, […]

Durante mucho tiempo, un tránsfuga era un espía que se introducía por una puerta trasera en la embajada de un país enemigo llevando en la mano una maleta llena de secretos. Eso era la Guerra Fría. Pero luego llegó Edward Snowden, con su carita de adolescente, y desveló secretos a todo el planeta.

Durante mucho tiempo, un tránsfuga era un espía que se introducía por una puerta trasera en la embajada de un país enemigo llevando en la mano una maleta llena de secretos. Eso era la Guerra Fría. Pero luego llegó Edward Snowden, con su carita de adolescente, y desveló secretos a todo el planeta.

Entonces, ¿tránsfuga, pregonero de advertencias, defensor de derechos humanos? El exempleado de la CIA, refugiado desde hace dos semanas en un aeropuerto de Moscú y buscado por Washington por haber revelado un programa mundial de espionaje por la NSA, escapa a toda clasificación. «Es uno de esos personajes atípicos de la historia del espionaje», resume Sébastien Laurent, historiador del espionaje en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la Universidad de Burdeos.

Sólo que podría ser el modelo del «traidor» de los casos de espionaje del siglo XXI. Infiltración, manipulación, deserción: el exconsultante de la muy poderosa NSA, la agencia estadounidense de seguridad, ha roto con los preceptos seguidos durante medio siglo por los agentes de la primera oficina de la KGB y por los espías de la CIA en cualquier buen caso de espionaje.

Sencillamente, tomó el avión a Hong Kong, estuvo a cara descubierta con periodistas del diario británico The Guardian y sacó una llave USB que contenía sus documentos 'top secret'. «En la época de la Guerra Fría había dos tipos de tránsfugas occidentales, los estadounidenses que desertaban por dinero y los británicos por razones más ideológicas», explica James Andrew Lewis, exdiplomático estadounidense que pasó por la NSA y ahora es experto del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington.

A diferencia de los espías que «se pasaban» al este o al oeste, en una palabra al enemigo, Edward Snowden «se ha pasado» a la Tierra entera para denunciar «un mundo en el que todo lo que dices o haces está grabado» por los servicios secretos. «Es un personaje confuso, idealista, no muy refinado», añade el experto estadounidense, que ve influencia de una «cultura popular estadounidense muy antigubernamental» mezclada con doctrinas libertarias y salsa internet. «Un provocador que reivindica su gesto», estima Sébastien Laurent. «De hecho está muerto, en sentido figurado. Por la gravedad de lo que ha hecho, no encontrará ningún remanso de paz», explica el historiador.

– ARMAS DE DIGITALIZACIÓN MASIVA

La ausencia de puerta de salida es el aspecto más asombroso del caso Snowden. «¿Por qué desertar si ni siquiera sabes a dónde ir?», se pregunta James Andrew Lewis. «Se marchó sin más red que sus informaciones. No tiene ninguna promesa de protección», señala Sébastien Laurent. Esta estrategia lleva al experto en informática de 30 años a vegetar desde hace dos semanas en el aeropuerto Cheremetievo de Moscú en espera de que lo acepte uno de los países donde ha solicitado asilo político. Por ahora, sólo Venezuela, Nicaragua y Bolivia indicaron que están dispuestas a recibirlo.

Muy de su tiempo, de Facebook, Twitter y programas de telerrealidad, apareció a cara descubierta al principio del caso, aunque luego se ha mantenido invisible. «Ha conseguido lo que buscaba, una forma de gloria», concluye Lewis refiriéndose al rostro del joven Estadounidense reproducido a toda plana en la prensa mundial.

Último punto: el protagonista de la traición ya no es un alto cargo de una agencia, sino un 'geek' equipado con discos duros portátiles. Señal de la importancia que han adquirido los informáticos, programadores, 'hackers' que emplean ahora los servicios secretos estadounidenses. «Ése es además el punto débil de la política de privatización del sector de los servicios secretos», considera Sébastien Laurent refiriéndose al creciente recurso por la NSA y la CIA a subcontratas, a los «contractors».

«Contratan a personas que han pasado por los servicios secretos y por lo tanto habilitados. Pero en realidad es el principal punto débil. Si esos 'contractors' tienen problemas personales, están pertrechados con armas de digitalización masiva», estima. «Son probables otros Snowden».

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