Aún con los años encima, el padre Arnaldo dice que tiene fuerzas para seguir apoyando a las trabajadoras sexuales.

Cura de las prostitutas

La primera vez que visitó a las mujeres de minifaldas y blusas escotadas se le ocurrió llevar un puñado de chocolates. Llegó a la Carretera a Masaya, se bajó de la camioneta, caminó unos pasos hasta donde estaban ellas con sus piernas cruzadas, sonrió, las saludó y repartió los dulces.

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