Coincidiendo con la celebración del día del partido liberal en Nicaragua, que a su vez conmemora la revolución liberal del 11 de julio de 1893, se conoció una encuesta política de la firma costarricense Borge y Asociados en la cual los partidos liberales criollos aparecen literalmente en el suelo.
Según la información, la encuesta fue realizada entre el 8 y el 13 de junio pasado pero sus resultados se dieron a conocer hasta ahora. Y de acuerdo con ellos, solo el 8.4 por ciento del total de los ciudadanos encuestados reconoce simpatizar con los partidos liberales, divididos en 4.1 por ciento al Partido Liberal Independiente (PLI), 4.1 por ciento al Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y 0.2 por ciento para la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN). En contraste, el 49 por ciento de los entrevistados se declaró simpatizante del FSLN y el 35 por ciento manifestó ser independiente o sin partido.
Por lo general, fuera del ámbito oficialista las encuestas políticas que se hacen en Nicaragua no gozan de mayor confianza. Pero no tanto porque se crea o sospeche que son manipuladas, sino por sus datos contradictorios, pues, por ejemplo, por un lado aseguran que la mayoría de la población está muy contenta con el régimen actual y por otra parte dicen que la mayor parte de los nicaragüenses se iría del país, si pudiera. Además, algunos de los encuestadores han advertido que cada vez más, la gente tiene temor de expresar sus simpatías políticas.
Sin embargo, no se puede olvidar que en las cruciales elecciones de 1990, bajo la primera dictadura sandinista, Borge y Asociados fue la única encuestadora que acertó al anticipar la victoria de doña Violeta y la UNO y la derrota de Daniel Ortega y el FSLN. Y aunque está claro que el régimen orteguista puede comprar y pagar encuestas, del mismo modo que ha comprado a la mayor parte de los medios de comunicación social del país, una encuestadora extranjera como Borge y Asociados, cuyo negocio se extiende internacionalmente, no va a poner en riesgo su prestigio profesional y su futuro empresarial por favorecer al orteguismo a cambio de sus dólares.
De todos modos, es evidente que los partidos liberales de Nicaragua se encuentran en bancarrota política, no tanto porque están fuera del poder y tienen una mínima representación parlamentaria, sino porque no muestran músculo orgánico ni fuerza social en la calle, ni generan hechos prácticos de mayor importancia y trascendencia.
Pero no es lo mismo partido liberal que liberalismo. El liberalismo es una doctrina política que significa respeto y garantía de las libertades individuales; rechazo a la dictadura y cualquier forma de despotismo; apego a los principios republicanos de separación de poderes, independencia de la justicia, alternancia en el poder, transparencia de la administración pública, etc. Y no es en rechazo de estos principios y valores que se expresa la mayoría de la gente en las encuestas, sino de la práctica política de los partidos liberales que a lo largo de la historia y en la actualidad ha dejado mucho que desear.
No se puede saber si los partidos liberales se podrán recuperar en el futuro y de nuevo ser una alternativa de poder. La clave del éxito de una propuesta política partidista es que convenza a la mayoría de que ella es el camino hacia un futuro mejor. Y, ciertamente, no es eso lo que está haciendo ni demostrando actualmente ninguno de los partidos liberales que sobreviven en el país.
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