Mercedes Gordillo

¡Alerta! llamadas peligrosas

Como un nuevo virus apareció hace pocos meses en muchas computadoras. Correos enviados por supuestos parientes y amigos cercanos solicitando ayuda económica urgente desde países extranjeros. Los mensajes decían: “Soy fulano de tal (nombre de algún primo, sobrino o amigo cercano), me encuentro en México, D.F. En el aeropuerto me robaron la cartera con dinero y mis tarjetas. No sé qué hacer, ¿por favor me podrían mandar unos $$1,500 dólares a esta dirección?… ¡Estoy desesperado!” Nadie sospechó que los mensajes pudieran ser una estafa, se conmovían y buscaban un courier para enviar el dinero rápidamente. Parece que estas personas fueron las primeras víctimas inocentes de esta nueva forma de robo, no tardaron en saber que habían sido estafadas.

En estos tiempos computarizados estamos expuestos al atraco en internet, utilizado también para fraguar delitos. Es indudable que esta clase de robo ha sido bien analizado y planificado para sorprender y obtener dinero fácil.

Actualmente ya existe una nueva forma, sobre la que deseo advertir públicamente. Esta vez utilizando teléfonos de planta, inalámbricos o celulares. Suena el timbre, habla una voz generalmente de hombre diciendo: “Hola tía o tío, llama su sobrino favorito (casi todo el mundo tiene algún sobrino favorito)”. “Ah… ¿sos Eduardo?” “No —responde la voz— soy su sobrino que vive en Estados Unidos”. “Entonces, ¿sos Ernesto?” “Sí, soy Ernesto”. Generalmente ese Ernesto no ha llamado nunca. En ese momento sería bueno empezar a ponerse melero pero la conversación continúa: “¿Y cómo se te ocurrió llamar?” “Quise saludarla y decirle que mañana llego a Nicaragua”. “Y dónde te vas a hospedar —pregunta uno— ya llamaste a tu tía María”. “No, es que quiero sorprender a la familia —afirma la voz— me hospedaré en un hotel”. “ ¿Y venís con tu esposa?” porque el supuesto Ernesto es casado. “No, fíjese que no, tengo vacaciones y decidí viajar a Nicaragua”. En este punto me pareció notar en la voz un acento raro, desconocido, tal vez mexicano o guatemalteco, no supe claramente. La llamada sigue: “Quería preguntarle si se le ofrece algo, yo se lo puedo llevar, también para decirle que le compré unos regalitos”. “No gracias —respondo—, no se me ofrece nada y gracias por los regalitos”. “Usted ¿podría ir a esperarme al aeropuerto?” “¿A qué hora viene tu vuelo?” “No sé, porque tengo que pasar por México y cambiar de avión, pero si quiere de allí la puedo llamar y decírselo”.

La situación está preparada… sin embargo acaso por instinto percibí algo raro: Este Ernesto nunca se ha comunicado pensé, no es mi sobrino favorito, eso se lo dije yo.

Pienso esperar a ver qué pasa, si mañana me dice que le robaron su cartera y los regalitos hay algo feo. Al día siguiente “Ernesto” volvió a llamar: “Hola tía, ya llegué a México, fíjese que las autoridades me han quitado treinta mil dólares que traía, pero dice una licenciada que ella puede resolver el problema si usted me apoya con su tarjeta”. Puse el auricular pensando atemorizada: Estamos atrapados en redes mafiosas. Y me puse a escribir:

¡Alerta! Esas llamadas pueden ser peligrosas, ahora los teléfonos se usan para eso y mucho más.  

La autora es Escritora nicaragüense.

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