Cuando se trata del bebé real, la elección de un solo nombre no es suficiente. Se necesitan unos tres o cuatro.
Solo habría que preguntarle al padre, Guillermo Arturo Felipe Luis. O al abuelo, Carlos Felipe Arturo Jorge. O también a la bisabuela, Elizabeth Alejandra María.
“Me parece que debido a que el niño estará tercero en la sucesión al trono, es que tienen que mantener toda esta tradición”, destacó Pauline Maclaran, catedrática de mercadotecnia e investigación sobre el consumidor de Royal Holloway y coautora del próximo libro: Royal Fever: The British Monarchy in Consumer Culture (Fiebre real: La monarquía británica en la cultura del consumidor).
“Tienen que tener tres o cuatro nombres y… poder hacer la venia correcta de las personas adecuadas”, destacó.
Y no puede ser cualquier nombre, tampoco. Tiene que tener algo de dignidad: los nombres de la nobleza datan de larga historia, lo cual explica por qué miles de opciones se han jugado entre los corredores de apuestas británicos a los nombres de Alejandra y Jaime
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