Querida Nicaragua: Siempre recuerdo una conversación que tuve con el poeta Pablo Antonio Cuadra. Eran los primeros meses de la “revolución popular sandinista” y se veían los primeros actos injustos. Se comenzó a criticar a “ soto vocce ” el paredón silencioso que funcionaba, los asesinatos de la Pólvora de Granada, la prepotencia, el abuso, las confiscaciones, los discursos altisonantes en contra de lo que llamaban “imperialismo norteamericano”.
Se respiraba un ambiente de temor y desconcierto en aquellos demócratas que habíamos luchado contra Somoza. A pesar de todo, teníamos la esperanza de que los “muchachos” revolucionarios dejaran de hacer locuras y se dedicaran a gobernar.
Fue entonces cuando le hice al poeta Pablo Antonio la siguiente pregunta: ¿Cuál sería la actitud de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal si viviera y observara la situación actual? El poeta me contestó que esa pregunta no tenía contestación porque sin la muerte de Pedro no hubiera habido revolución.
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En realidad, nadie como Pedro había luchado en todos los frentes para derrocar a los Somoza, y su asesinato fue la chispa que encendió una insurrección popular que ya nadie podía detener. Sin duda que Pedro Joaquín era un ejemplo de honestidad, rectitud y valentía. Todos lo sabíamos. Luego de su asesinato el pueblo no tuvo sosiego hasta la caída del dictador.
Desde un principio los comandantes le negaron a Pedro Joaquín el título de Héroe Nacional. Le dieron el de Mártir de las Libertades Públicas como para no dejar de reconocerle algún mérito. Él no era santo de su devoción por su ideología democrática.
Ahora no me extraña nada que quieran demeritarlo o empequeñecerlo, asaltando el parque Pedro Joaquín Chamorro para llamarle parque del Alba, levantando además unas enormes columnas para supuestos héroes del llamado socialismo del siglo XXI.
Por ahora dicen haber pintado en las columnas los rostros de José Martí, Simón Bolívar, el Che Guevara, Hugo Chávez y otros más. Están haciendo una especie de revoltijo de santos con demonios, de libertadores con dictadores. Porque, ¿qué puede tener en común el apóstol de América, José Martí, quien proclamaba la libertad, la honestidad, el amor y era un poeta y conferencista de renombre, con el Che Guevara, pregonero del odio y de la muerte, que como José Fouché, el genio tenebroso de la Revolución francesa, fusilaba diariamente a quienes sospechaba que eran disidentes de la revolución cubana?
¿Qué tiene que ver un Simón Bolívar, libertador de las naciones suramericanas, que odiaba las dictaduras, con el difunto expresidente Chávez?
A un lado de estas columnas de cemento, como arrimado a ellas aparece la estatua de Pedro Joaquín. Por más que quieran disminuir la lucha inclaudicable de Pedro, no podrán lograrlo porque el recuerdo de esas luchas vive en el corazón del pueblo nicaragüense y nadie podrá arrebatarle la gloria de ser Héroe Nacional. Al final son los pueblos los que mandan. A Tipitapa en los años treinta del siglo pasado quisieron bautizarla los serviles con el nombre de “Villa Stimpson”, pero el pueblo siguió llamándole Tipitapa. La avenida Roosevelt en Managua sigue llamándose avenida Roosevelt.
De modo que el parque de esta historia se llamará siempre Parque Pedro Joaquín Chamorro. El autor es director General de Radio Corporación.
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