Entre los múltiples planteamientos de máxima importancia del papa Francisco, durante la intensa jornada de trabajo que cumple desde el lunes de esta semana en Brasil y culmina mañana con la clausura de la Jornada Mundial de la Juventud, uno de los principales ha sido el rechazo a la propuesta de legalizar la distribución y el consumo de drogas.
El miércoles pasado, al visitar un hospital de Río de Janeiro que se especializa en atender pacientes adictos a las drogas, al que calificó como “un santuario particular del sufrimiento humano”, el primer papa latinoamericano de la historia denunció que “la plaga del narcotráfico favorece la violencia y siembra dolor y muerte”. Sin embargo, Francisco precisó que “no es la liberalización del consumo de drogas, como se está discutiendo en varias partes de América Latina, lo que podrá reducir la propagación y la influencia de la dependencia química. Es preciso afrontar los problemas que están en la base de su uso, promoviendo una mayor justicia, educando a los jóvenes en los valores que construyen la vida común, acompañando a los necesitados y dando esperanzas en el futuro”.
Es obvio que el papa Francisco no improvisó este rechazo a la legalización de la droga que proponen destacados líderes políticos e intelectuales latinoamericanos. Nos referimos a los presidentes en ejercicio José Mujica, de Uruguay y Otto Pérez Molina, de Guatemala; a los prestigiosos exjefes de Estado César Gaviria, de Colombia, Fernando Cardozo de Brasil y Vicente Fox y Ernesto Zedillo de México; y a brillantes literatos de América Latina a cuya cabeza figura el Premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa.
Aparentemente, los argumentos de estos personajes a favor de la legalización de las drogas son válidos. Ellos dicen que de esa manera, se le quitaría al negocio de las drogas el enorme incentivo económico y el despiadado sentido criminal que tiene actualmente. Sostienen que la guerra contra el narcotráfico ha dejado alrededor de 70 mil muertos, solo en México, y muchos miles más en Colombia y algunos países centroamericanos. Además, los promotores de la legalización de las drogas alegan que la causa del narcotráfico y sus consecuencias de extrema criminalidad, radica en el gran consumo de droga en Estados Unidos que crea una desmedida demanda.
Pero este es un argumento simplista que no pareciera provenir de mentes inteligentes y complejas, pues lo mismo se podría decir al revés, o sea que la causa del grave problema del narcotráfico es la enorme oferta de droga, pues sin oferentes de la misma no habría consumidores.
Es evidentemente que para los partidarios de la legalización de la droga, el narcotráfico es un problema más bien político, mientras que para el papa Francisco y la Iglesia católica se trata de una tragedia de la persona humana. Así lo subrayó el Obispo de Roma en su visita al hospital brasileño para narcodependientes, al indicar que lo que hay que hacer es “tender la mano a quien ha caído en el abismo de la dependencia, tal vez sin saber cómo, y decirle: puedes levantarte, puedes remontar, te costará, pero puedes conseguirlo si de verdad lo quieres”.
Es muy válido el planteamiento de Francisco. Por el contrario, si se pudiera adquirir libremente la droga ¿cómo se podría levantar y remontar el adicto, y cómo se evitaría que muchas más personas, sobre todo jóvenes, adolescentes y niños, caigan en el abismo de la dependencia?
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