El año político que comienza en Perú será decisivamente influido por la sentencia de La Haya. Imagino que llegará en medio del ambiente de incertidumbre que los errores no forzados generan con frecuencia creciente en el escenario nacional. Presumo también que el mensaje presidencial destacará, merecidamente, la excelente labor de los gobiernos de Perú y Chile para fortalecer el compromiso de acatar la sentencia y crear un clima propicio para procesar los triunfos, las expectativas frustradas y los efectos no deseados que inevitablemente tendrá en cada país.