La vida en El Carmen

Una madrugada, doña Rosa Zapata, de 40 años, oyó ruidos fuera de su casa. Se levantó y fue a ver qué pasaba. “Un policía revisaba la basura, andaba con un perro que olía todas las bolsas de basura puestas sobre la calle”, recuerda.

Por Róger Almanza G. y José Denis Cruz

Una madrugada, doña Rosa Zapata, de 40 años, oyó ruidos fuera de su casa. Se levantó y fue a ver qué pasaba. “Un policía revisaba la basura, andaba con un perro que olía todas las bolsas de basura puestas sobre la calle”, recuerda.

Una escena imposible en cualquier barrio o colonia de Managua, pero no en el reparto El Carmen, donde doña Rosa vive desde hace 38 años, y tiene como vecino al hombre que alteró la tranquila vida del lugar: Daniel Ortega.

Desde que Ortega asumió nuevamente la Presidencia en el 2007, la vida en El Carmen ha cambiado. Para muchos habitantes el tener tanta presencia policial es mucho mejor, les hace sentir seguridad. Sin embargo, para muchos otros el tener que pedir permiso cada vez que salen y entran al reparto es el atropello más grave a su libertad.

Aquí jamás se ve un carretonero o algún chatarrero. Los que intentan entrar a El Carmen para cortar camino se topan con las caras serias de los policías y el rotundo “No, no puede pasar”.

Tampoco es común ver vendedores ambulantes y sería una falta grave si apareciera algún grupo de chavalos haciendo alboroto, por mínimo que sea.

Por momentos ese aire de tranquilidad y seguridad hasta asusta cuando en cada esquina se topan oficiales vestidos de azul, otros de azul oscuro y algún antimotín, todos armados. “Pareciera que vamos a la guerra”, dice doña Rosa.

La mamá de doña Rosa tiene 75 años y se llama doña Marina. Siempre se le ve sentada en un silla a la par de la puerta que da a la calle. Lo que más le molesta de ser vecina de Ortega es el ruido de las motos de sus guardias. “Son las motos las que a mí me ponen nerviosa. No sé por qué pasan a tanta velocidad. Las escucho y me entran los nervios”, dice doña Marina. Por lo demás, ella y su hija, doña Rosa, sienten que deben aceptar también que vivir en El Carmen les da el bienestar de estar seguros, de contar con una vigilancia constante todos los días. Y al parecer es cierto porque hace mucho tiempo que en El Carmen no se escucha de asaltos en sus calles o robos en alguna casa o negocio de la zona.

Doña Rosa Zapata, su madre y su hijo al fondo están tranquilos por la  seguridad, pero les incomoda sentirse vigilados en su propio barrio.   LA PRENSA/U. MOLINA

Había una vez un parque

No quiere que publiquen su nombre y él mismo nombra su seudónimo. Le llamaremos “Paco” y solía correr en el parque del reparto El Carmen.

Hace mucho ya dejó su lado de atleta porque el parque se llenó de policías. “No es tranquilo como antes y a veces ni siquiera puedo llegar al parque, no me dejan pasar porque el presidente va ha salir”, cuenta Paco.

El parque del reparto se ha convertido casi en un club de policías. “Que haya policías está bien, porque sabés que podés estar tranquilo en el lugar, pero que esos policías no te dejen estar tranquilo en el lugar de donde sos, eso es lo que me molesta. Desde que el parque se llenó de policías ya dejó de ser un parque de las familias del reparto”, dice molesto Paco, el frustrado corredor.

Pero no solo el corredor es perjudicado a la salida de Ortega. Cuando se abren las puertas de la casa presidencial, ya las calles desde mucho tiempo de anticipación están despejadas. No hay peatones en las calles ni carros transitando, pero sí muchas empleadas domésticas asomándose por la ventana para ver al presidente.

Esta zona es una de las más completas de Managua. Aquí se encuentran universidades, pulperías y distribuidoras completas, talleres de vehículos, motocicletas y de equipos electrodomésticos, medios de comunicación entre muchos otros negocios.

Otro vecino del reparto es el historiador Bayardo Cuadra, quien también siente y da gracias por la seguridad que hay en el reparto. Sin embargo, “lo que puede ser molesto es cuando usan de manera indiscriminada tanto control por la seguridad”, comenta a LA PRENSA.

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  • “La medida de seguridad es bastante excesiva, la cantidad de policías es exagerada. ¿Cuánto le cuesta al Estado mantener día y noche a esos policías? Hay como 12 tranques y en cada tranque uno o dos policías y los antimotines que se mantienen día y noche”.
  • Julio Icaza Gallard, analista político y vencino de Ortega.

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  • “Deduzco que tienen miedo al volumen de fuego del narcotráfico.
  • El hecho es que por mucho tiempo antes de que Ortega se instalara en la Presidencia, sus jueces liberaron a muchos narcotraficantes y ahora no se están portando tan blandengues”.
  • Dora María Téllez, comandante guerrillera.

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La Ley 228, Ley de la Policía Nacional, en su artículo 26 precisa que la “Seguridad Personal es la especialidad responsable de la protección del presidente y del vicepresidente de la República, los presidentes de los poderes del Estado, funcionarios, personalidades y sedes diplomáticas”.

El problema en la seguridad de Ortega radica en la extensión territorial que ha tomado y el número de agentes que permanecen día y noche en los alrededores de su casa, lo que representa un gasto mayor para el Estado.

“Estos es desproporcionado. Legalmente un presidente tiene que estar custodiado porque lo establecen las normas, pero el caso de Ortega es que existe una paranoia exagerada. Tampoco estamos en guerra ni en una situación en la que el funcionario está tan expuesto”, sostiene el constitucionalista Óscar Castillo.

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Cuadra recuerda que fue Gustavo Raskosky Páez, ministro del Distrito Nacional hasta 1960, el encargado a través de la Oficina Nacional de Urbanismo, del desarrollo urbano de Managua. “Se construyeron edificios y varias urbanizaciones, entre ellas el reparto El Carmen”, comenta Cuadra.

“Daniel vino aproximadamente en 1981 y siempre ha tenido seguridad, aunque no como ahora. Antes era solo en el perímetro de su residencia. Sin embargo, en ese entonces acercarse a su casa era más difícil que ahora”, comenta Cuadra.

Pero no todos quieren visitar al presidente. Llegar a la casa de Cuadra igual fue complicado para el equipo de LA PRENSA. Cuando el vehículo llegó al retén, dos oficiales impidieron el paso. Luego de pedir las identificaciones y darse cuenta que se trataba de un equipo de reporteros, detuvieron el vehículo y ordenaron no bajar de él y al fotógrafo se le prohibió sacar la cámara. Después de 20 minutos detenidos en el retén, Cuadra llegó al punto y los oficiales permitieron el paso a LA PRENSA.

“Suele pasar, a veces los policías son así, sobre todo cuando son nuevos”, dice Cuadra.

A veces, cuando Cuadra organiza una reunión en su casa, tiene que advertir a los policías de la valla que bloquea la entrada a su calle que recibirá visitas. “Claro que les tengo que avisar, solo lo hago para asegurarme que no haya problemas”, dice Cuadra, quien ya tiene un amigo que no lo visita más porque siempre le causa molestia el que lo detengan cada vez que llega a El Carmen.

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Permiso para todo

Luisa Reyes, de 23 años, vive en este mismo reparto y recuerda el día en que los agentes policiales le impidieron la entrada a tres de sus amigos que se dirigían a su casa a celebrar su cumpleaños. Uno de ellos le contó cómo dos de los tres oficiales que descansaban sobre las vallas metálicas se les pusieron en frente del vehículo para que no pasaran.

“Me comentaron que los policías se les acercaron con toda la odiosidad del mundo y les pidieron su identificación”, relata. A ella le resulta chocante la actitud de los agentes policiales, a quienes tuvo que enfrentar para que dejaran pasar a sus amistades.

Los muchachos estuvieron ahí discutiendo con los agentes de seguridad del presidente Ortega por más de media hora. Eran las diez de la noche de aquel día de diciembre de 2012 y los oficiales seguían impidiendo el paso a los estudiantes.

Lo hicieron únicamente cuando Luisa, la cumpleañera, ofreció cien córdobas a cada oficial. No era la primera vez que sucedía, pues con otros conocidos la historia ya se había repetido. Pero los oficiales eran los mismos.

El reparto El Carmen se ha convertido en una zona que al caer la noche es menos accesible. La seguridad en esta zona ha aumentado significativamente en los últimos años. Luisa Reyes solo sabe que está encerrada en su propia residencia.

“Esta zona ya no es tan residencial como en sus inicios. Ahora están los medios de comunicación del Gobierno, la misma casa del presidente funciona como la Secretaría y la Presidencia, además también aquí está la casa departamental del partido. Es decir, las medidas de seguridad han crecido porque aquí están todas esas instancias, por eso tanta seguridad”, comenta Cuadra.

“Te tenés que identificar siempre y a veces te siguen hasta que entrás a tu casa, así confirman si realmente vivís aquí”, cuenta doña Rosa.

Su hijo Jorge González tiene 19 años y para él es más sencillo que para su mamá. “Solo basta que los policías te conozcan y ya dejan de ser así de molestos. Eso sí, después de las diez de la noche se ponen más estrictos y salir o entrar al reparto es más difícil, pero no hay uno solo que no se tranquilice cuando le ofrecés cigarros”, comenta Jorge.

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Derechos violentados

El constitucionalista Óscar Castillo explica que el “secuestro” del reparto El Carmen violenta claramente algunos derechos constitucionales como el derecho a la libre movilización. “Esta desproporción —que no tiene sentido— perjudica el derecho a la propiedad de las personas y viola derechos de las personas que están establecidos en la Constitución Política de Nicaragua como el artículo 25 y el 26 ”, expone el jurista.

Bajo el argumento de la seguridad presidencial —dice Castillo— la Policía ha limitado el derecho a la movilización de las personas dentro de El Carmen, el reparto que más bien parece pertenecer a la familia Ortega-Murillo.

¿A qué le teme Ortega?

¿Qué explicación tienen las extremas medidas de seguridad en El Carmen? Este reparto se ha convertido en una fortaleza. En la década de los ochenta, la zona de resguardo de Ortega cubría apenas dos manzanas.

Para la comandante guerrillera Dora María Téllez, cualquier medida de seguridad depende del tipo de amenaza al que se enfrentan.

“La seguridad de Ortega ha sido planificada, no es improvisación, han estimado el tipo de riesgo al que se enfrenta. Lo que se ve con Ortega es que espera un volumen de fuego importante porque ha sumado a su cuerpo de vigilancia a grupos civiles que visten de camisas azules y sumaron al Ejército. Solo el narcotráfico podría atacar con esos volúmenes de fuego” destaca Téllez.

A Ortega no le bastó con los retenes que se ubican a los alrededores de su casa. Después de las elecciones nacionales de 2011, el mandatario bordeó su mansión con un muro de aproximadamente cinco metros de altura y 370 metros de largo. Pero nada terminó ahí. Le siguieron cámaras de seguridad de gran alcance.

“En las circunstancia de hoy es difícil encontrar una explicación a qué le teme tanto Daniel Ortega como para tener un dispositivo policial exagerado que involucra a cientos de policías, paramilitares de los grupos de la juventud orteguista y los camisas azules”, plantea Hugo Torres.

Este general en retiro se pregunta si el presidente Ortega tiene algún enemigo. “¿A quién le teme? ¿Al crimen organizado, al narcotráfico?”, expone. El analista político Julio Icaza Gallard coincide con Torres al decir que el secuestro del reparto El Carmen responde al “miedo” que puede sentir el presidente.

Y entre tantas desventajas que les trae a los vecinos tener a Daniel Ortega en su reparto, tienen al menos una ventaja que no tiene ningún otro barrio de la capital: nadie paga por seguridad.

En el año 2008, el presidente Daniel Ortega mandó a construir una    valla, reforzando así la seguridad en el costado oeste de la Secretaría    del FSLN.  LA PRENSA/G. FLORES

 

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