¿Nuevas lenguas?

Idiomas artificiales que, en ocasiones, son más hablados que muchos idiomas nativos terrestres. Lenguajes nacidos de la creatividad, producto de la literatura, el cine o la televisión; empleados para estudios de psicología o creados por puro placer.

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Idiomas artificiales que, en ocasiones, son más hablados que muchos idiomas nativos terrestres. Lenguajes nacidos de la creatividad, producto de la literatura, el cine o la televisión; empleados para estudios de psicología o creados por puro placer.

Desde la curiosidad científica hasta el mísero entretenimiento, los motivos que han llevado a la creación de lenguas artificiales son tan variados que han generado un universo propio.

Los creadores de estos idiomas, denominados “conlangers”, se reúnen en convenciones en las que venden sus productos a artistas necesitados de lenguajes para completar sus historias. Las lenguas artificiales abren la puerta a un mundo alternativo en el que cualquier sonido puede significarlo todo.

CUANDO LA FICCIÓN SUPERA LA REALIDAD

Los idiomas inventados más hablados han nacido fruto de la necesidad de hacer más verídico un argumento de ficción. Numerosos son los casos de escritores que han engendrado nuevas lenguas artísticas para completar sus mundos paralelos.

Este es el caso del klingon que, pese a no ser el primigenio de los idiomas inventados, se ha consolidado como uno de los más importantes gracias a la legión de seguidores de la serie televisiva Star Trek (1966) que la ha convertido en la expresión alienígena más popular.

Sistematizado en 1985 por el lingüista Marc Okrand, el klingonés tiene su propio Instituto de la Lengua con más de 1,500 afiliados. Existen siete mil hablantes Klingon, según cifras de la Modern Language Association, más que muchas lenguas aborígenes y se ha generado toda una cultura a su alrededor.

Pero no es el único lenguaje de ficción que ha causado sensación. El sindarín (o élfico gris) es, junto con el quenya, una de las lenguas dominantes de la Tierra Media, perteneciente al universo literario de J.R.R. Tolkien, y hasta es impartida en un centro educativo de Birmingham.

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Estos idiomas artificiales son promocionados en convenciones y sociedades centradas en la creación de lenguas, en las que los aficionados comparten sus idiomas y curiosidades como la Language Creation Society o la Federación Española de Esperanto, con el único propósito de alcanzar la comunicación universal entre diferentes culturas.

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Más recientes son el Na’vi, lengua natural de los protagonistas del filme de James Cameron Avatar (2009), o las habladas por los habitantes del Mar Dothraki, de la exitosa serie de televisión de HBO Juego de Tronos .

Esta última está basada en la saga literaria Canción de hielo y fuego del literato George R. R. Martin y ha sido adaptada por el lingüista David J. Peterson. Tal ha sido el atractivo de este idioma de ficción que en 2012, el nombre de Khaleesi —significa reina en Dothraki— fue el más empleado para bautizar a las estadounidenses recién nacidas, según informó el rotativo The Sun.

Aunque pueda parecer un fenómeno más reciente, las lenguas artísticas han existido siempre. Julio Verne creó un lenguaje musical hablado por los tripulantes del Nautilus; Arthur Machen creó el aklo para la novela Pueblo blanco , un idioma relacionado con los textos prohibidos y los cultos del mal continuado por el dramaturgo Lovecraft.

Asimismo, hay hueco para las parodias y algunas lenguas nacen repletas de humor como el gulevache, del grupo cómico argentino Les Luthiers, o el lenguaje cantado de Fraçois Sudre, basado en la escala musical y denominado solresol.

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LENGUAS QUE BUSCAN LA PERFECCIÓN

Pero más allá de la función artística, son muchos los investigadores que han estudiado la creación de lenguas auxiliares con la finalidad de convertirlas en idiomas respetados universalmente y que facilitaran así la comunicación entre diferentes hablantes.

Sin embargo, estas iniciativas apenas han tenido éxito. En el año 1879, el obispo alemán Johann Martin Schleyer pregonaba el entendimiento entre culturas a través de una lengua con nombre propio, el volapük.

Este idioma fue rápidamente aceptado hasta que en una convención internacional, el mismo creador se negó a aceptar ciertos cambios gramaticales alegando que era su propio idioma y que nadie tenía la suficiente autoridad para transformarlo.

Diez años después del volapük apareció el proyecto internacional más relevante: el esperanto. Creado por el oftalmólogo rusopolaco Luis Lázaro Zamenhof, se basa en las raíces de las lenguas europeas y su éxito radica en unas normas gramaticales muy sencillas.

A día de hoy, el esperanto cuenta con cinco millones de hablantes en todo el mundo, tiene su propia literatura y se mantiene como referente de las lenguas artificiales.

Con el propósito de solventar la curiosidad científica, existen numerosos experimentos de creación de lenguas que habrían evolucionado hipotéticamente de un modo específico. En este sentido destaca el idioma brithenig, que sería la lengua romance británica, hermana del francés, el español y el italiano si el latín hubiera desplazado al celta.

También la psicología del lenguaje ha empleado en reiteradas ocasiones la construcción de lenguas inventadas para comprobar teorías y analizar personalidades y formas de pensar, como ocurre con la hipótesis de Sapir-Whorff que relacionan el lenguaje con la forma de conceptualizar el mundo.

La construcción de idiomas es un proceso complejo pero atrae cada vez a más amateurs de la lingüística. Para facilitarles el trabajo, numerosas escuelas guían a estos aficionados en la construcción de una correcta gramática, escritura y fonética.

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