“Granito de arena” en Festival Ícaro

No se han acabado aquellos tiempos cuando los cineastas o periodistas iban a los campos de guerra con sus cámaras, botas y pesadas mochilas a documentar para la historia el terror del mundo. No se han terminado porque el mundo sigue al borde del abismo a lo ancho y alto de su redondez y las emergencias aún están vigentes, pues no se ha extinguido el horror.

Karly Gaitán Morales

No se han acabado aquellos tiempos cuando los cineastas o periodistas iban a los campos de guerra con sus cámaras, botas y pesadas mochilas a documentar para la historia el terror del mundo. No se han terminado porque el mundo sigue al borde del abismo a lo ancho y alto de su redondez y las emergencias aún están vigentes, pues no se ha extinguido el horror.

Aunque este planeta actual de pantallas de millones de colores, de comunicaciones fáciles e instantáneas donde se habla de nanosegundos y de alta tecnología nos haga ver esas imágenes cinematográficas históricas de colores sepia tan borrosas o parpadeantes (como si fueran de los años veinte) más lejanas de lo que son los temas de hoy son los mismos de ayer. No han pasado, por ejemplo, ni cuarenta años desde que nuestros cineastas nicaragüenses y algunos internacionalistas arriesgaron sus vidas filmando en el fuego de la guerra esos conmovedores documentales que hoy los estudiantes en los programas de “cine móvil educativo” ven con la frialdad de un espectador que se asoma a un filme de acción, y que una vez apagada la pantalla se va sin hacer conciencia de lo visto, sin mayores reflexiones.

El mundo tiene aún cineastas como la norteamericana Pamela Yates, quien de forma independiente continúa con la realización de documentales de gran impacto, abordando temas actuales y urgentes como el hambre, la pobreza y los derechos humanos, y de otros calibres más aterradores como el terrorismo, el narcotráfico y el genocidio. Desde 1981 ha filmado momentos cúspides en Estados Unidos y países de América Latina: El Salvador, Guatemala, México y Nicaragua. Aquí produjo junto a Deborah Schäffer y Tom Sigel el documental Report from the Front en 1983 sobre la guerra de contrarrevolución. Una filmografía palpitante de sangre y realidad.

Granito de arena es su último documental realizado junto a Peter Kindy y Paco de Onís, que se presentó en Nicaragua en el Festival Ícaro 2013, en Cinemas Galerías. Este es pues un modesto título para la magnitud del filme, porque aborda el tema del genocidio ocurrido en Guatemala bajo el supuesto mando del general Efraín Ríos Montt en 1982. Pamela Yates filmó en aquella ocasión el documental Cuando las montañas tiemblan, de una forma tan arriesgada que frente a su cámara ocurrieron acontecimientos importantes como misiones de combate de la guerrilla y del Ejército, donde además de los peligros que conlleva estar como una civil de bandera blanca en un campo de batalla, sobrevivió al accidente de un helicóptero de transporte de tropas.

Sus imágenes históricas no solo tuvieron la utilidad de servir todos estos años para proyectos de cine móvil en los colegios, para alimentar un archivo fílmico nacional o para servir como “recursos” facilitados a otros cineastas, sino que en 2012 se inició un juicio histórico (aplaudido mundialmente) contra Ríos Montt, y los abogados que llevaban el caso recurrieron al archivo de Pamela Yates solicitándoselo para usarlo como pruebas, por ser “el único material fílmico del genocidio”.

Es injusto decir entonces que la cineasta contribuyó con su “granito de arena” para que fuese posible hacerse justicia, cuando vemos que su material constituye una de las más rigurosas pruebas con las que se cuenta en ese país.

Este es un documental que nos llama a la reflexión y a asomarnos a este mundo que como refiere Eduardo Galeano, sigue estando “patas arriba” y girando “al revés”.

La autora es periodista cultural y escritora.

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